Mi mente no dio para más. Aún quedaba una última clase a la que, por supuesto, no puedo faltar según mi padre. Educación Física. Es la que más odio, ya que tengo que estar llevándome los leggins y la camiseta para hacer el deporte adecuado y siempre se me olvida. Ojalá hoy mire en la mochila y esté la camiseta y la falda de tenis. Sí, hoy vamos a jugar al tenis en la pista cubierta.
Entregué mi trabajo de hoy al profesor a la vez que sonaba el timbre. Todos salimos del aula y Rose, Ariana y yo nos dirigimos hacia el gimnasio cubierto, donde ya estará colocada la red de tenis.
- ¿Sabéis qué? -añadió Rose. Cortó el silencio que invadía nuestro alrededor, el mismo que llevaba haciéndolo desde que les conté a las dos lo que me había pasado.
- Qué. -contestó Ariana imaginándose lo que Rose tenía en mente.- ¿Cómo te has lesionado esta vez?
- Pues... dejadme pensar...
- ¡Rose! -exclamé.- ¿Quieres volver a suspender la asignatura?
- Sí. -contesta.- Es que no puedo hacer gimnasia si tengo un esguince en la muñeca.
- Genial... genial... -respondí soltando aire. Intentando tranquilizar la tercera guerra mundial en mi interior. La actitud de Rose es amarga, me pone nerviosa, me consterna.
- Aparta. -una chica empujó a Rose. Creo que no sabe lo que pasa cuando la apartan de su camino. Ella era una morena de un gran cabello, alta, cuerpo esbelto y trapos caros. Copia de Rose.
- ¿Aparta? -contestó Rose ofendida.
Hasta que todo encajaba. Hasta que me di cuenta al pasar por mi lado que llevaba a alguien agarrado de la mano que la seguía. Alguien de piel oscura. Alguien como Zayn Malik.
Él me miró y sonrió al ver mi cara asombrada. También iba al gimnasio.
- Zayn... -intentó añadir Ariana.
- No quiero volver a oír ese nombre. -bufé.- Ya estoy harta. Nunca me ha pasado nada con él y ahora está ocurriendo todo de golpe. Necesito tranquilizarme por hoy, ¿vale?
Continué acelerando mis pasos y dejando más longitud entre pierna y pierna para llegar antes. Pero no me dio tiempo, ya había llegado antes que yo.
Me crucé de brazos y esperé a que aparecieran Ariana y Rose en los vestuarios mientras me cambiaba de atuendo. Abrí mi bolsa de deporte y saqué el polo blanco y la faldita blanca -odio este deporte, parezco una puta vestida así- y los tenis adecuados. Guardé el uniforme y me coloqué el de tenis.
Rose y Ariana llegaron en el momento que yo salía de los vestuarios. Ellas dos entraron y fueron llegando el resto de las chicas de mi clase para cambiarse de atuendo también.
Mi profesor de Educación Física me solicitó a mi y a Logan, el chico que me gusta de mi clase, para ayudar a traer el material que nos iba a hacer falta y entramos en el gabinete del gimnasio para cogerlo.
- ¿Es cierto eso de que eres la nueva mamá de Zayn? Si puede llamarse así. -me dice Logan.
- Jaja. -reí tontamente.- Bueno, está claro que no voy a ser su mamá, solo alguien que estará pendiente de que no robe mis apuntes durante clase.
- No tienes plan de hacer nada a su favor. ¿No? -negué, moviendo la cabeza de lado a lado, esbozando una sonrisa de niña.- Zayn fue amigo mío.
- Interesante. ¿Y ya no?
- No.
- ¿Y eso, por qué?
- Eeh... -tragó parte de la saliva que inundaba sus palabras y se dio media vuelta.- No te he dicho nada.
- ¡Logan, querido amigo! ¿Por qué no vas a cambiarte? -sonrió.- Hoy tenemos que jugar al tenis y no vas adecuado para ello.
Logan me observó y tragó saliva.- Puede que luego, cuando terminemos de sacar todo el material a la pista. -miré a otro lado e intenté que la cosa no fuera conmigo.
- Yo lo haré por ti.
- Gracias, pero no -noté como la presencia de Logan se acercaba y se ponía delante de mi.
- Vete de una puta vez.
En ese momento agarré fuertemente a Logan de la mano y cerré los ojos negando. Pero Zayn, brutalmente le empujó fuera y ahora supe lo que era sentirse sin protección.
- Vaya, vaya. ¿Una charlita con Logan Campbell? -cerró la puerta del gabinete. La cerradura emitió un sonido que se clavó como una espina en mi corazón. Estaba cegada con la luz del día que entraba por la pequeña ventana del techo, no conseguía verle a él. Realmente estaba pasando miedo en ese momento.- ¿Te ha pedido salir ya? ¿O a ti te va más quedar para estudiar?
Simplemente no contesté. Sabía que él podía verme gracias al destello de luz, pero aún así me aferré al poste de hierro de la red de volley que tenía detrás.
- Tienes miedo, ¿eh? -continuó.
- Nadie te ha dicho que lo tenga. -contesté firme, segura de mí misma. Aunque sentía como las piernas estaban dejando de responder.
- Uuh. -rió.- Eres una chica con agallas. -su dedo índice rozó el filo de la falda de tenis. Ahora sí le veía la cara.- Creo que al lame culos del profesor no le importará que seas hoy mi pareja. ¿A que no?
- No. Pues claro que le importará, no pienso tener nada relacionado contigo Zayn.
- Y me llama por mi nombre. -reía fuertemente.- ¿Sabes? Me gustas. Me recuerdas a mí al principio.
- ¿A ti? -reí imitándole.- Yo no me parezco a ti. Más quisiera ser como yo un gilipollas que vive acosta de la gente y robando y acosando a chicas y niños pequeños. Venga ya Malik, ¿por qué no intentas hacer eso con un tío o alguien como tú? O mejor aún, ¿por qué no le enseñas a tu madre cómo fuerzas a cualquier chica para que se acueste contigo?
El suelo se me vino encima o yo lo besé. Fue como una ola de fuerza arrollándome a toda velocidad. Fui arrastrada por la inercia un metro de distancia de él.
Me había empujado contra el suelo sin compasión.
- Tú no tienes ni idea de lo que tengo pensado hacer. Ni idea. -me agarró de la muñeca invirtiendo mucha fuerza en ello.- No vuelvas a intentar nada como esto otra vez Wilson. Por tu bien...
Zayn se levantó apresurado y colocó una cuerda de comba bajo mi pie. En ese preciso momento la puerta se hubo abierto y el profesor entró mirándonos a los dos.
- ¿Qué está pasando aquí? -preguntó sin apartar la vista de la de Zayn. Logan entró tras él mirándome a mí.
- Nada. -contestó Zayn.- Se había tropezado y cayó al suelo. -forcejeé para contradecirle, él clavó sus ojos color azabache en los míos. Sentí como si me tapara la boca para no hablar, y en realidad no lo hacía.
- Bien. Salgan ya, la clase va a empezar.
Cuando el profesor se fue, andé apresurada hacia Logan. Zayn me adelantó y cruzó la puerta rozándome la cara, sabía que me estaría acechando desde cualquier parte y no podría hacer nada para impedirlo.
No me separé de Logan en toda la clase. Ariana me tuvo que perdonar y dejar que me pusiera de pareja con él, no quería dejarme sola. Por una parte me beneficiaba, pero por otra seguía sin estar del todo tranquila.
<<Zayn fue amigo mío.>>
No tardé mucho en cambiarme de ropa.
Salí corriendo de la mano de Ariana, hoy me quedo a comer en su casa.
El frío no compensaba. Y más si debíamos andar unas cuantas calles hasta llegar, aunque la suya estaba más cerca del instituto que la mía. Ella me hablaba mientras tanto, pero yo la oía sin escucharla. No podía dejar de darle vueltas a todo lo que me ha pasado hoy, todo lo que ha sucedido en seis horas y no es que fuera para sonreír. Cómo una persona puede llegar a ser tan pendenciera y peligrosa como para hacer que todo un instituto tenga miedo de él, no se merece todo lo que recibe, respeto.
Ariana se llevó cinco minutos llamando a la puerta de su casa, nadie abría. Por suerte llevaba consigo su manojo de llaves descoloridas y llenas de colgantes y llaveros pomposos.
La casa nos consumió en un frío e impenetrable silencio.
Parecía que cualquier charla o ruido que produjésemos sería infructuoso. Sus padres habían salido y Ariana no sabía que hacer de comer, su madre se olvidó de que venía.
Un par de bebidas gaseosas y un pollo al horno que calentó Ari en el microondas tras sacarlo de la nevera y del plástico transparente que lo cubría.
La casa de Ari siempre me había parecido la típica casa escocesa, con el papel estampado en las paredes y los muebles clásicos. A ella nunca le habían gustado, por eso cuando entras en su habitación te das cuenta que estás en el siglo veintiuno y no hace dos. Tiene muchos pósters colgados en la pared, fotos en un tablón de corcho, montones de ropa en la silla y esos colores llamativos que siempre le han gustado. Eso es lo que la describe, una loca prudente.
- ¡Ajá! -exclamó. Giré en la silla con los ojos abiertos.- Mi hermano guarda los brownies aquí.
Por si no lo he mencionado. Ariana tiene un hermano, de unos cinco años mayor que ella, guapo pero nada popular en el instituto. Nunca ha tenido novia, o eso es lo que todos comentan sobre él.
- ¿No sabías donde guardaba tu hermano Stevie los brownies? -intervine aclarándome la voz en un sorbo de gaseosa.
- No. Por muy sorprendente que sea. -quitó la tapadera y estaban llenos de moho.- Ugh, -protestó.- se nota que son de él.
Tras ello, pisó la palanca del cubo de basura y vació la bandeja de brownies en él.
- ¿Tienes planes para mañana por la tarde? -pregunté.
- Tengo examen de mates el jueves. ¿Por qué?
- Por si querías venirte de tiendas. Necesito unos zapatos para la noche de año nuevo, no tengo ganas de quedarme en casa viendo la tele. -me comí el último trozó de pollo y me froté las manos.- En el centro hay chicos guapos.
- No sé Di, debería estudiar.
- ¡Vamos! Serán sólo... ¿dos horas y media? -reí.- Nos damos un respiro, sólo quedan dos semanas para navidad Ariana.
- Bueno. Qué remedio.
Le ayudé a recoger la cocina. Los trozos de pollo quemado pegados en el plato y en el tenedor, y encendimos la radio. Tras luchar por alcanzar un sitio en el que cogiera bien la señal, bailamos nuestra canción favorita con dos cucharones para servir la sopa.
- I want to break free! -gritamos al compás. Nadie podía oírnos.
Permanecimos disfrutando del momento hasta que el timbre nos cortó el punto.
Ariana acudió a la puerta y miró por el pequeño ventanal vertical de al lado de la puerta, levantando un poco la tela blanca que lo escondía. No se veía nada. Ella no tuvo más remedio que abrirla y asegurarse de que no había nada ahí. Al hacerlo, una voz profunda inundó mi cuerpo, me produjo escalofríos.
- No está. -contestó mi amiga apretando la madera de la puerta.
Sólo conseguía oír las palabras de Ariana. Decidí ir a ver qué pasaba, y se me derrumbó el mundo en un instante.
- ''No está''. -repitió él.- No sabes mentir.
- Qué. -dije.
- Baja los humos. He venido porque ibamos a ir al mexicano, ¿recuerdas? -contestó con una falsa sonrisa. De esas que te cuesta poner cuando en realidad no quieres.
- Mi respuesta fue, y sigue siendo un no. No quiero tener que ver nada contigo.
- Pero los demás sí quieren.
Los tres nos quedamos callados por unos segundos.
- ¿Y...? -añadí esperando a que se fuera.- ¿No tienes nada más que hacer que quedarte aquí de pie mirándonos?
Se encogió de hombros.- Sí, a no ser que me acompañes a comer burritos.
- No.
- ¿Estáis solas en casa? -continuó jodiéndome.
- No. El hermano de Ariana está arriba.
- ¿Quién? ¿Le conozco?
- Obviamente no, quién va a querer tener amistad contigo, ¿Zayn?
- Obviamente tú, preciosa.
- Obviamente no estás bien de la cabeza. Vete a tu casa. -forcejeé la puerta para cerrarla. Zayn colocó el pie y lo impidió. Se acercó al marco y sólo podía ver su nariz y sus labios, unos cuantos mechones de pelo moreno que asomaban.
- Esta noche a las diez y media, en el cruce de la casa de Logan y la farmacia de la señora Abigail. Espero que seas puntual, Wilson. -susurró. Al instante se desapareció en el grisáceo centelleante de la niebla invernal.
Cerré la puerta y Ariana echó las llaves a los cerrojos. Nos aseguramos que todas las puertas y ventanas de la casa estaban cerradas. Soltamos un soplo de alivio.
- Diane, tienes que dejar esto. -dijo irrumpiendo en la tranquilidad de su habitación, asegurando su ventana, contemplando como la niebla acariciaba la hierba seca del césped.
- ¿Dejar el qué Ariana? -chasqueé la lengua.- ¿Dejarle a él?
- Sabes a lo que me refiero.
- ¡No puedo! Todos los profesores, Ariana, ¡todos!, quieren que sea su tutor. No me dejan cambiar ni expresar mi opinión, lo hago por obligación e intentó tener el mínimo contacto con él. Pero lo hace difícil, está todo el día y cuando menos me lo espero detrás de mí, sigiloso y susurrándome amenazas al oído. -me crucé de brazos.- ¿Crees que no quiero dejarlo?
- Puede que ellos quieran que lo seas. Puede que él también.
- Explícate.
- Zayn es como un cazador dispuesto a llevarse un buen animal fresco a casa. No se cansará hasta conseguir lo que quiere. Y no se centra en algo por casualidad, lo hace por una sola razón. -suspiró sentándose en el borde de la ventana.
- No te entiendo. ¿Cómo debo tomarme eso?
- Como que Zayn te hace, dice esas cosas porque tiene algún plan o intención para ti. Los cazadores cazan para qué, para comer ¿no? Pues Zayn hace eso por un motivo.
- ¿Y cuál es ese motivo?
- Nadie lo sabe, ni nadie lo supo.
- ¡Ah! ¡Bien! ¡Genial! ¡Estoy en la lista negra de gente a asesinar del matón del instituto por algo y nadie sabe el qué!
- No fue fácil para Helen tampoco. -añadió ella setándose en el borde de su cama, abriendo un viejo libro de Agatha Christie de 1970, ''Pasajero a Frankfurt''.
- ¿Helen? -pregunté.
- Confiaba en cualquiera, desde entonces nadie supo de la chica. -se expresó ella.- Algunos dicen que él la tiene escondida por las afueras de Bradford, otros que se fue del país, y los demás que se cambió de instituto y empezó de cero. Por eso no quiero que tengas nada que ver con él.
- ¿Escondida? ¿Quieres decir que está...? ¿Que está...? -me sobresalté.- ¿Zayn la mató?
- Él dice que no, pero todos lo pensamos. Nadie supo el sufrimiento que ella pasó hasta que salió en el periódico que estaba desaparecida.
- Ariana, te agradezco tu información pero estás consiguiendo asustarme...
- Lo bueno es que como soy tan sarcástica... -se fue levantando, simulando un nerviosismo que ella no tenía en este momento y cerró el libro sonoramente.- sólo te estaba bromeando.
- ¡Ariana McDonald! ¡Pues creo que la próxima en morir vas a ser tú! -le azoté con la almohada que tenía en la cabecera de la cama, hasta que eso empezó a soltar su plumaje. Pusimos la habitación perdida de plumas blancas y suaves.- En serio, no vuelvas a hacer eso. Me has asustado, y para nada ha sido gracioso.
- Lo siento. Era para que me hicieras caso. -se encogió de hombros.
- Y te haré caso Ariana. Lo haré cuando sepa toda la verdad sobre él.
Al pasar la tarde, me enfundé en mis botas de borregos, una sudadera negra, un pantalón morado oscuro de deporte y varias capas de ropa debajo.
Cogería el coche y comprobaría si es verdad que había quedado conmigo, o simplemente era una broma.
domingo, 11 de marzo de 2012
lunes, 28 de noviembre de 2011
-Capítulo 2-
Estaba sentada escuchando las quejas de nuestra profesora de Alemán, Nixie. Era una mujer de unos treinta años, y parecía mucho más joven, alta y delgada con curvas. Una treintañera a envidiar, rubia y con pecas. Siempre que entraba a dar la clase, primero rodeaba las filas de pupitres preguntando cómo nos va y cómo ha sido nuestro fin de semana, totalmente agradable. Nos anima a aprobar y es por eso por lo que he obtenido un sobresaliente en la lengua.
Una vez terminó de dar su vuelta por la clase, subió a la tarima y se sentó en el borde de la mesa, de pie, frente a nosotros y con las piernas cruzadas. Se dispuso a comenzar la lección de hoy como hace habitualmente, un resumen de lo que dimos la semana pasada.
Alrededor de unos cinco minutos más tarde alguien interrumpió la explicación dando tres golpecitos en la puerta.
- ¿Sí? -preguntó Nixie.- Pase.
A continuación mi cara se volvió seria, otra vez estaba aquí.
- Llegas tarde Zayn. -era lo que más me gustaba de ella, no te hablaba de usted y prefería que le llamásemos por su nombre o Ni. Es muy actual, y me encanta su ropa.- ¿Motivos?
- No encontraba los libros. -se sentó otra vez a mi lado, bufé. Nixie me miró y me pidió la explicación a mí.
- Se fue al despacho del director. -contesté.
- Bien, Zayn, ya van más de cuatro veces. No me gusta que mis alumnos me mientan. Aunque ella no me lo hubiera dicho, yo habría intuido que estabas en lo falso. Me encontré a tu profesor de Humanidades y me ha puesto al corriente de todo. Pasará el resto del día al lado de su compañera Diane. -sonrió.- No podrá quejarse, es una de mis mejores alumnas.
Zayn bufó y me miró con asco.- ¡No quiero sentarme con... ella!
- Las cosas son así. A veces nos gustan, otras preferimos dejarlas de lado. -se acercó y se puso frente a nuestros pupitres.- Estos años ha bajado tu rendimiento académico, ¿se puede saber el porqué?
- No le importa. -respondió con mala gana.
Nixie suspiró.- Sabía cuál iba a ser su respuesta, por eso... -tornó sus ojos hacia los míos.- hemos decidido entre todos los profesores que Diane podría ser tu tutor. Claro está si ella cede, ¿qué le parece señorita Wilson?
- Es una locura profesora. No puedo estar pendiente de... -le miré de reojos.- esto... todo el santo día. O todo el curso. Tengo una vida, y es una distracción más.
- Es tu compañero, supongo que no querrás suspender por su culpa, ¿no?
- ¿Suspender por su culpa? -pregunté por si lo que había entrado por mis oídos llevaba turbulencias.
- A partir de ahora vamos a realizar trabajos en pareja. -nos miró a los dos.- Este va a ser tu sitio permanente Zayn.
- ¿Perdona? -respondió él arrogante.
- ¿Y qué pasa con Ariana? ¿No puedo trabajar con ella?
- Ariana tendrá a Thomas. No se preocupe por ella. -se fue hacia la tarima y escribió en la pizarra.
Miré a Zayn, él me miró a mi enfadado. Me fijé en su cuello, parecía que la yugular le iba a estallar, estaba enfurecido, mucho. No es que me diera miedo, simplemente no quiero tener nada que ver con él ni con su vida. No es bueno para mi. No es agradable su presencia para nadie. Nadie, he dicho.
Resoplé y me dejé caer sobre mis brazos cruzados en la mesa e intenté parpadear varias veces para que cuando mire mi alrededor, nada de esto haya pasado. Incorrecto.
Al terminar la clase, todos se levantaron y cogieron sus bolsas llenas de libros y cuadernos de diferentes materias para salir a los pasillos de la escuela, era el cuarto de hora de descanso. Menos yo, que permanecí sentada en la silla pensativa, calculando el nivel del problema en el que me meteré siendo la tutora de Zayn. Aceché el peligro nuevamente, me observaba desde la ventana de al lado de la tarima, donde siempre hay maceteros con bonitos jazmines al llegar la primavera y donde ahora estos se sustituían por niveladores para que el agua de la lluvia no entrara por la rendija del vidrio. Se apoyaba en ella, con las manos en los bolsillos, mientras yo jugaba con mi lápiz esperando a que Ariana entrase en el aula de una vez por todas.
- Eh, Wilson. -dijo.
- Qué. -no hice esfuerzo en mirarle.
- Baja esos humos. -chasqueó la lengua.- Hacemos un trato. Tú me haces los deberes y dejas que me copie de ti en los exámenes y no nos vemos el pelo para nada más.
- ¡JÁ! -exclamé en forma de protesta.- Si crees que voy a hacer todo el trabajo mientras tú te lavas las manos, te estás equivocando. -me puse en pie y comencé a recoger las cosas.
- ¿Bromeas? Claro que lo harás. -su mano se posó en mi cintura. Subió hasta apartar el cabello de mi cuello.- ¿Eh?
- ¿En serio lo sigues afirmando? ¿Qué pasa sino...? -respondí apartándolo de mí.
- Sino... vamos a tener serios inconvenientes. -examinó la puerta y las ventanas. Raro.
- ¿Qué clase de inconvenientes? -me cargué la bolsa en el hombro derecho y me di media vuelta para salir del aula.- Como si no fuera tu tutor. No voy a andar pendiente de un crío de dieciséis años ahora.
La puerta se cerró bruscamente. Su brazo se interponía entre mi cuerpo y la madera de roble de la puerta, realmente me asusté.
- ¿Qué clase de inconvenientes? Déjame pensar....
- Vamos Zayn, sabes que no tienes cojones de ponerme una mano encima... -respondí.
- Los tengo bien puestos, ¿sabías? Sólo tengo que levantar un poco la mano y dejarla caer brusca y fuertemente sobre tu piel, es fácil, y cuestión de segundos.
- No eres capaz. -me di la vuelta y me percaté de los pocos centímetros a los que estaba mi nariz de la suya.
- Puede que de pegarte no sea capaz. Pero hay otras cosas que hacen más daño, física y psicológicamente. -choqué contra la puerta. Su pecho entrecortaba mi funcionamiento respiratorio y la tensión aumentaba a cada paso que él daba. Quería salir de ahí, quería alejarme de él.
Rió pícaro. Sus dedos masajearon mi brazo y se filtraron por detrás de mi nuca. Me apartó de la puerta e hizo que cayera el suelo.- No intentes infravalorarme, tú no sabes de lo que soy capaz Diane.
Abrió la puerta y su sombra se fue desvaneciendo a medida que se alejaba de la clase.
Entré en los aseos femeninos y saqué el pequeño neceser que llevo conmigo siempre. Papel higiénico, toallitas húmedas, rímel y corrector. Suficiente para ocultar las lágrimas que cayeron durante dos minutos sobre mis mejillas.
Dos chicas entraron en el baño, perfecto, Rose y Ariana.
- ¡Diane! -Ariana fue bajado el estado de alegría al verme la cara.- ¿Qué te ha pasado?
- Zayn Malik. -contestó Rose fulminando el vacío.
- Sí. Zayn, Zayn Malik. -asentí mirándome en el espejo.
- ¿Me he perdido algo estas dos horas? -preguntó Ariana.
- Todo. Han sentado a Zayn a su lado, ella ha pasado a ser su tutor durante todo el año. Y vas a tener que estar con Thomas. -resopla.- No sé qué es lo que te ha hecho ahora, pero quiero que te alejes de él Di. No sabes lo que es pasar una semana entera con él, créeme, te lo cuento por experiencia propia. -silencio.- ¿Recordáis hace unos meses cuando salimos juntos? Bien, esos cortes en las manos no eran simple torpeza mía. Vete pensando eso de ser su tutor amiga. No quiero que te pase nada, y menos con ese. -salió del baño.
El timbre sonó y Ariana me acompañó hasta la siguiente clase de Geografía.
El día fue pasando. Tomamos el almuerzo en la cafetería, en aquella mesa redonda y grande donde estaban sentadas todas las chicas del grupo de animadoras y donde nosotras siempre éramos bienvenidas. Cortesía de Rose.
No dejé de pensar en ello. No prestaba atención en clase. Lo único bueno es que hasta mañana no le volvería a ver el pelo.
O eso creía.
Una vez terminó de dar su vuelta por la clase, subió a la tarima y se sentó en el borde de la mesa, de pie, frente a nosotros y con las piernas cruzadas. Se dispuso a comenzar la lección de hoy como hace habitualmente, un resumen de lo que dimos la semana pasada.
Alrededor de unos cinco minutos más tarde alguien interrumpió la explicación dando tres golpecitos en la puerta.
- ¿Sí? -preguntó Nixie.- Pase.
A continuación mi cara se volvió seria, otra vez estaba aquí.
- Llegas tarde Zayn. -era lo que más me gustaba de ella, no te hablaba de usted y prefería que le llamásemos por su nombre o Ni. Es muy actual, y me encanta su ropa.- ¿Motivos?
- No encontraba los libros. -se sentó otra vez a mi lado, bufé. Nixie me miró y me pidió la explicación a mí.
- Se fue al despacho del director. -contesté.
- Bien, Zayn, ya van más de cuatro veces. No me gusta que mis alumnos me mientan. Aunque ella no me lo hubiera dicho, yo habría intuido que estabas en lo falso. Me encontré a tu profesor de Humanidades y me ha puesto al corriente de todo. Pasará el resto del día al lado de su compañera Diane. -sonrió.- No podrá quejarse, es una de mis mejores alumnas.
Zayn bufó y me miró con asco.- ¡No quiero sentarme con... ella!
- Las cosas son así. A veces nos gustan, otras preferimos dejarlas de lado. -se acercó y se puso frente a nuestros pupitres.- Estos años ha bajado tu rendimiento académico, ¿se puede saber el porqué?
- No le importa. -respondió con mala gana.
Nixie suspiró.- Sabía cuál iba a ser su respuesta, por eso... -tornó sus ojos hacia los míos.- hemos decidido entre todos los profesores que Diane podría ser tu tutor. Claro está si ella cede, ¿qué le parece señorita Wilson?
- Es una locura profesora. No puedo estar pendiente de... -le miré de reojos.- esto... todo el santo día. O todo el curso. Tengo una vida, y es una distracción más.
- Es tu compañero, supongo que no querrás suspender por su culpa, ¿no?
- ¿Suspender por su culpa? -pregunté por si lo que había entrado por mis oídos llevaba turbulencias.
- A partir de ahora vamos a realizar trabajos en pareja. -nos miró a los dos.- Este va a ser tu sitio permanente Zayn.
- ¿Perdona? -respondió él arrogante.
- ¿Y qué pasa con Ariana? ¿No puedo trabajar con ella?
- Ariana tendrá a Thomas. No se preocupe por ella. -se fue hacia la tarima y escribió en la pizarra.
Miré a Zayn, él me miró a mi enfadado. Me fijé en su cuello, parecía que la yugular le iba a estallar, estaba enfurecido, mucho. No es que me diera miedo, simplemente no quiero tener nada que ver con él ni con su vida. No es bueno para mi. No es agradable su presencia para nadie. Nadie, he dicho.
Resoplé y me dejé caer sobre mis brazos cruzados en la mesa e intenté parpadear varias veces para que cuando mire mi alrededor, nada de esto haya pasado. Incorrecto.
Al terminar la clase, todos se levantaron y cogieron sus bolsas llenas de libros y cuadernos de diferentes materias para salir a los pasillos de la escuela, era el cuarto de hora de descanso. Menos yo, que permanecí sentada en la silla pensativa, calculando el nivel del problema en el que me meteré siendo la tutora de Zayn. Aceché el peligro nuevamente, me observaba desde la ventana de al lado de la tarima, donde siempre hay maceteros con bonitos jazmines al llegar la primavera y donde ahora estos se sustituían por niveladores para que el agua de la lluvia no entrara por la rendija del vidrio. Se apoyaba en ella, con las manos en los bolsillos, mientras yo jugaba con mi lápiz esperando a que Ariana entrase en el aula de una vez por todas.
- Eh, Wilson. -dijo.
- Qué. -no hice esfuerzo en mirarle.
- Baja esos humos. -chasqueó la lengua.- Hacemos un trato. Tú me haces los deberes y dejas que me copie de ti en los exámenes y no nos vemos el pelo para nada más.
- ¡JÁ! -exclamé en forma de protesta.- Si crees que voy a hacer todo el trabajo mientras tú te lavas las manos, te estás equivocando. -me puse en pie y comencé a recoger las cosas.
- ¿Bromeas? Claro que lo harás. -su mano se posó en mi cintura. Subió hasta apartar el cabello de mi cuello.- ¿Eh?
- ¿En serio lo sigues afirmando? ¿Qué pasa sino...? -respondí apartándolo de mí.
- Sino... vamos a tener serios inconvenientes. -examinó la puerta y las ventanas. Raro.
- ¿Qué clase de inconvenientes? -me cargué la bolsa en el hombro derecho y me di media vuelta para salir del aula.- Como si no fuera tu tutor. No voy a andar pendiente de un crío de dieciséis años ahora.
La puerta se cerró bruscamente. Su brazo se interponía entre mi cuerpo y la madera de roble de la puerta, realmente me asusté.
- ¿Qué clase de inconvenientes? Déjame pensar....
- Vamos Zayn, sabes que no tienes cojones de ponerme una mano encima... -respondí.
- Los tengo bien puestos, ¿sabías? Sólo tengo que levantar un poco la mano y dejarla caer brusca y fuertemente sobre tu piel, es fácil, y cuestión de segundos.
- No eres capaz. -me di la vuelta y me percaté de los pocos centímetros a los que estaba mi nariz de la suya.
- Puede que de pegarte no sea capaz. Pero hay otras cosas que hacen más daño, física y psicológicamente. -choqué contra la puerta. Su pecho entrecortaba mi funcionamiento respiratorio y la tensión aumentaba a cada paso que él daba. Quería salir de ahí, quería alejarme de él.
Rió pícaro. Sus dedos masajearon mi brazo y se filtraron por detrás de mi nuca. Me apartó de la puerta e hizo que cayera el suelo.- No intentes infravalorarme, tú no sabes de lo que soy capaz Diane.
Abrió la puerta y su sombra se fue desvaneciendo a medida que se alejaba de la clase.
Entré en los aseos femeninos y saqué el pequeño neceser que llevo conmigo siempre. Papel higiénico, toallitas húmedas, rímel y corrector. Suficiente para ocultar las lágrimas que cayeron durante dos minutos sobre mis mejillas.
Dos chicas entraron en el baño, perfecto, Rose y Ariana.
- ¡Diane! -Ariana fue bajado el estado de alegría al verme la cara.- ¿Qué te ha pasado?
- Zayn Malik. -contestó Rose fulminando el vacío.
- Sí. Zayn, Zayn Malik. -asentí mirándome en el espejo.
- ¿Me he perdido algo estas dos horas? -preguntó Ariana.
- Todo. Han sentado a Zayn a su lado, ella ha pasado a ser su tutor durante todo el año. Y vas a tener que estar con Thomas. -resopla.- No sé qué es lo que te ha hecho ahora, pero quiero que te alejes de él Di. No sabes lo que es pasar una semana entera con él, créeme, te lo cuento por experiencia propia. -silencio.- ¿Recordáis hace unos meses cuando salimos juntos? Bien, esos cortes en las manos no eran simple torpeza mía. Vete pensando eso de ser su tutor amiga. No quiero que te pase nada, y menos con ese. -salió del baño.
El timbre sonó y Ariana me acompañó hasta la siguiente clase de Geografía.
El día fue pasando. Tomamos el almuerzo en la cafetería, en aquella mesa redonda y grande donde estaban sentadas todas las chicas del grupo de animadoras y donde nosotras siempre éramos bienvenidas. Cortesía de Rose.
No dejé de pensar en ello. No prestaba atención en clase. Lo único bueno es que hasta mañana no le volvería a ver el pelo.
O eso creía.
lunes, 21 de noviembre de 2011
-Capítulo 1-
Amanece y mis pies despiertan congelados. El frío invierno ha invadido Bradford, una ciudad al oeste de Yorkshire, Inglaterra. Mi organismo no ha tardado en darse cuenta de que a fuera se han creado carámbanos en los tejados de las casas, y se han cerrado carreteras por la acumulación de nieve. Otro día más cerca de las vacaciones de navidad. Otro día más dando una madrugón para continuar con mi rutina semanal y seguir recibiéndo los exámenes suspensos de matemáticas y literatura.
- Diane, el desayuno está listo. -me dice Caroline, mi madre, que aunque tenga quince años se preocupa porque llegue pronto al instituto y por eso me prepara el desayuno todos los días. Estoy muy feliz de tenerla como madre, mucho.- ¿Te vistes y bajas? No tardes que se va a enfriar, y abrígate. Hoy hace un frío que pela.
- ¿Ya se ha marchado papá al trabajo? -pregunté.
- Ajá. Por eso sé que hoy hace frío, estamos a menos diez grados. -mamá salió de la habitación cerrando la puerta. Oí como bajaba las escaleras y como se iba desvaneciendo en silencio a medida que se acercaba a la planta baja.
Abrí mi armario y permanecí inmóvil tres minutos visualizando toda la ropa que tenía colgada de las perchas. Hasta hace unos días se estaba hablando en el instituto que llevar uniforme iba a ser obligatorio. Ahora estaba en duda, me lo pongo, no me lo pongo, me lo pongo, o... Definitivamente, me lo pongo por si las moscas y mañana ya se verá en que queda el director y la junta de alumnos. Planché la falda, la camiseta y busqué por los cajones las medias y los zapatos. Tras mirar el horario de hoy varias veces, preparé mi mochila, me vestí y bajé al salón a desayunar. Mamá se había quedado dormida viendo la televisión, con la manta eléctrica echada por encima y con la cabeza sobre uno de los cojines. Al terminar, llevé el plato y la tacita al fregadero y con cuidado lo dejé caer sin hacer ruido. Entré en el baño de mi habitación para cepillarme el cabello, los dientes y ponerme corrector en el rostro para que ese pequeñísimo grano pase totalmente desapercivido. Me eché una última ojeada antes de salir, me coloqué el abrigo, la bufanda, los guantes y ese gorrillo de lana que me hizo mi abuela hace unos meses, que tanto me gustaba.
-No olvides que a la una menos cuarto pasaré a recogerte. Hoy tienes que ir a hacerte los análisis de sangre para aquella prueba de la que siempre hemos estado hablando. -interviene mamá antes de que salga por la puerta trasera de casa, con una hoja de papel en la mano la cual tendría que entregársela a mi tutor horas antes de que venga a recogerme.
-No lo olvidaré. -le sonreí y me dio un beso en la mejilla mientras me cargaba bien la mochila en la espalda.
Hoy es el día de la semana en el que tengo que ir a pie hasta el instituto, como si no estuviera lejos de mi casa, porque el coche se lo lleva mi padre para ir al trabajo y no está Anastasia, nuestra ama de las llaves, para recogerme y llevarme. Hace un frío que pela, estaba intentando mantener mis manos en calor pero el vaho que salía continuamente de mi boca me afirmaba que iba a ser poco efectivo apretarlas contra mi pecho. Pasé por delante de la casa de Ariana, llamé varias veces pero recordaba que hoy entraba más tarde al instituto porque no había hecho los deberes de Humanidades y no le apetecía ganarse una buena bronca de Ronald, nuestro profesor. Rose siempre llega de las últimas, así que no me molesto en llamarla. Pues nada, un lunes solitario y aburrido me espera. Quince minutos más tarde, ya podía visualizar el edificio. Ese tran grande y moderno que tanto me gusta, que tan espacioso y colorido es por dentro, lleno de actividades extraescolares y proyectos educativos interesantes en los que intento participar siempre que puedo.
Sonó el timbre. Me encontraba en mi casillero sacando el material de Humanidades. Me distraje un segundo mirándome en el espejo que tengo colgado en la puertecilla y echando un vistazo a las fotos y pegatinas que acumulé con el paso de los años. El casillero se cerró de repente, Rose estaba tras él no muy feliz que digamos.
- ¿Te pasa algo? -pregunté.
- ¿Que si me pasa algo dices? ¿Qué crees tú? Robbie es i-d-i-o-t-a. -contestó abriendo su casillero, que estaba justo a la derecha del mío y refunfuñando.
- ¿Qué ha hecho esta vez?
- ¡Lo mismo! -gritó histérica.- Y luego vendrá a lamerme el culo pidiéndome perdón.
- Y tú eres la tonta que le perdona. Rose, tú puedes terminar con esto si quieres, pero eres muy vulnerable para Robbie. -contesté.
- Bueno, ¿vas a parar? ¡Deberías alegrarme, apoyarme y animarme! ¡Y haces lo contrario! No me lo eches en cara Diane.
- ¡Pero si eres tú la que...! Mira, no voy a perder más el tiempo discutiendo. Vamos a llegar tarde a clase. -la vi negando con la cabeza mientras me miraba.
- Sigues siendo la misma de siempre. Te encanta llegar puntual y hacerle la pelota a todos los profesores para que te suban nota. Las cosas se consiguen estudiando, no camelando.
- Bueno, y lo dice la que saca un suspenso en Educación Física.
- ¿Qué? Acumulación de tareas sin hacer, partes y faltas a clase. Suspendo por que quiero, no porque no pueda.
- Porque no quieres que se te rompan las uñas, tonta. -dije por lo bajo, pareció no enterarse porque cerró su casillero y se fue hacia la clase de Humanidades mientras yo terminaba de cerrar el mío.
Ella se sentaba siempre con Anie, alguien que encaja perfectamente con sus gustos y costumbres, y yo con Ariana pero ahora mismo me sentaría sola. El timbre sonó por segunda vez y todos se sentaron en sus respectivos pupitres. Esta semana a Ariana y a mi nos tocaba estar en primera fila, la odiamos, pero la considero importante porque así no tengo delante de mi al asqueroso mocoso de Joshua Brooks. El profesor, Ronald, entró cerrando la puerta y tras subir a la tarima escribió en la pizarra a trazo acelerado la fecha del examen de la unidad didáctica cinco.
- Bien, -miró el pupitre de mi lado y a mi, luego a alguien que estaba sentado cinco filas más detrás.- usted, siéntese hoy aquí.
- Porqué. -preguntó enfadado. Su voz me sonaba y no es que me produciera mucha felicidad oírla.
- Porque es un buen sitio para prestar atención en clase y -hizo incapié en lo siguiente.- donde no podrá copiar del cuaderno de otro compañero la tarea que a usted no le ha dado la gana hacer este fin de semana.
Todos los demás empezaron a silbar con lo que le había dicho al chico y a bromear. Cuando gritó y les mandó a callar a todos, supe exactamente quién era. Maldita sea, Zayn.
- Joder. -dijo protestando. Le miré de reojos pero se dio cuenta.- ¿Qué problema tienes? Ni se te ocurra hacer eso otra vez.
- A mi nadie me dice lo que tengo que hacer. -yo parecía que era la única que no temía plantarle cara al chico malo del instituto. Rió sarcástico y se escurrió en la silla.
- Eso ya se verá.
Miré al frente con la cabeza alta y copié los apuntes que Ronald iba dictando. Zayn no hacía ningún esfuerzo por mover la mano y copiar las cinco frases que dijo el profesor, es un ignorante, por no hablar de orgulloso y estúpido. Le odio. Y más cuando se aprovecha de los más pequeños.
Soy zurda. Y eso me perjudica teniéndole al lado. Mientras escribía me movió el bolígrafo con un sólo toque y me pintó una gran línea curva encima del apunte.
- ¿Qué mierda haces? -le dije.
- Uuh -contestó haciendo una mueca de terror con la cara irónicamente.- No me pegues, agresiva.
- Habló.
- ¿Qué? ¿Eh? ¿Qué pasa?
- ¿Qué que pasa? Que eres un orgulloso pijo.
- Más te vale retirar eso.
- ¿Oh qué? ¿Me vas a pegar? ¿Me vas a robar todo el dinero? ¿Qué?
- Bueno, podría aprovecharme de esa figura femenina que tienes. -me miró de arriba a abajo y me puse recta en la silla.- Podría sacarle un buen partido.
- Te lo crees. No me vas a poner una mano encima. -noté una caricia en la parte baja de la espalda, donde la camiseta había dejado al descubierto mi piel al ser corta. Me estremecí.- No vuelvas a hacer eso.
- Pero me deseas.
- ¿Muerto? Claro. -negó tres veces y puso sus brazos detrás del cuello dispuesto a dormir. En primera fila. Lo lleva claro.
- ¡Malik! -gritó el profesor.- Hoy el director está un poco aburrido, ¿qué te parece si va a hacerle compañía? De paso le explica cómo se divierte incordiando a su compañera y lo bien que se duerme sobre el pupitre, ¿ah?
- Hoy... no tengo ganas. Quizá en otro momento.
- Malik, se las busca. Quiero hablar con sus padres y haga el favor de salir de clase. -apuntó en un trozo de papel unas palabras y volvió a mirarle.- Ahora.
Seguí con la mirada al frente, furiosa, pero con mi visión periférica noté como Zayn me miró un segundo y se levantó de la silla. Cuando tocó el pomo de la puerta, Ronald se sentó en su butaca y abrió el libro. En ese despiste, Zayn se volvió, me echó una mirada penetrante con esos ojos vacíos de seguridad y llenos de oscuridad y sonrió arrogante.
Media hora después, el timbre volvió a sonar. Fui a mi casillero sola, pues supuestamente Rose no me iba a hacer ni caso en todo el día, y puede, semana. Ariana me había dejado una nota dentro <<He ido a hablar con Amorfusmen, sí, el de Biología, para que me haga el examen. Me ha dicho que a segunda hora, entonces, siento decirte que vas a tener que pasar otra hora sin mí. Espero que puedas perdonarme, ¿sabías que te quiero? Un beso, y que te sea leve. PD.: ¡Deseame suerte!>> Sonreí y crucé los dedos para que le fuera bien. Dejando los libros en último lugar del hueco y cogiendo los primeros para asegurarme que llevaba el cuaderno y libro de Matemáticas. El casillero, por segunda vez, se cerró repentinamente. Malik estaba al otro lado con un brazo dejado caer en el techo de las taquillas, muy cerca mío.
- ¿Se puede saber qué haces? -pregunté.
- Adivínalo. -sonríe.- ¿Te va un Mexicano esta noche y de paso me enseñas tu casa?
- No voy a salir contigo ni después de que me hayan atropeyado dos camiones cisterna y haya enfermado de gota o una bandada de pájaros me hayan picado el cuerpo. -contesté poniendo la convinación del candado para cerrarla.
- Pues... yo te haría el favor de curarte todas las heridas. Incluídas... -me rozó el pecho con el dedo índice y se ganó un buen guantazo.
- Aléjate de mi, pervertido.
- Te vas a enterar canija de mierda. -me contestó gritando, parecía que me iba a comer con tanto echándose encima.- Mira bien tus espaldas a la salida, o quién sabe, ten segura todas las puertas de tu casa, Wilson.
Se fue sin decir nada más. Me tomé eso como un ''vale, me alejo de ti'' y me fui a las clases. Rose, es bipolar, llegó y me pegó un buen susto al abrazarme por detrás. Entramos juntas en clase y abrimos el cuaderno. Hoy había examen. Y yo no estudié. Y yo voy a suspender. Y mañana no me dejarán ir al partido de hockey con Max, mi vecino de toda la vida.
- Diane, el desayuno está listo. -me dice Caroline, mi madre, que aunque tenga quince años se preocupa porque llegue pronto al instituto y por eso me prepara el desayuno todos los días. Estoy muy feliz de tenerla como madre, mucho.- ¿Te vistes y bajas? No tardes que se va a enfriar, y abrígate. Hoy hace un frío que pela.
- ¿Ya se ha marchado papá al trabajo? -pregunté.
- Ajá. Por eso sé que hoy hace frío, estamos a menos diez grados. -mamá salió de la habitación cerrando la puerta. Oí como bajaba las escaleras y como se iba desvaneciendo en silencio a medida que se acercaba a la planta baja.
Abrí mi armario y permanecí inmóvil tres minutos visualizando toda la ropa que tenía colgada de las perchas. Hasta hace unos días se estaba hablando en el instituto que llevar uniforme iba a ser obligatorio. Ahora estaba en duda, me lo pongo, no me lo pongo, me lo pongo, o... Definitivamente, me lo pongo por si las moscas y mañana ya se verá en que queda el director y la junta de alumnos. Planché la falda, la camiseta y busqué por los cajones las medias y los zapatos. Tras mirar el horario de hoy varias veces, preparé mi mochila, me vestí y bajé al salón a desayunar. Mamá se había quedado dormida viendo la televisión, con la manta eléctrica echada por encima y con la cabeza sobre uno de los cojines. Al terminar, llevé el plato y la tacita al fregadero y con cuidado lo dejé caer sin hacer ruido. Entré en el baño de mi habitación para cepillarme el cabello, los dientes y ponerme corrector en el rostro para que ese pequeñísimo grano pase totalmente desapercivido. Me eché una última ojeada antes de salir, me coloqué el abrigo, la bufanda, los guantes y ese gorrillo de lana que me hizo mi abuela hace unos meses, que tanto me gustaba.
-No olvides que a la una menos cuarto pasaré a recogerte. Hoy tienes que ir a hacerte los análisis de sangre para aquella prueba de la que siempre hemos estado hablando. -interviene mamá antes de que salga por la puerta trasera de casa, con una hoja de papel en la mano la cual tendría que entregársela a mi tutor horas antes de que venga a recogerme.
-No lo olvidaré. -le sonreí y me dio un beso en la mejilla mientras me cargaba bien la mochila en la espalda.
Hoy es el día de la semana en el que tengo que ir a pie hasta el instituto, como si no estuviera lejos de mi casa, porque el coche se lo lleva mi padre para ir al trabajo y no está Anastasia, nuestra ama de las llaves, para recogerme y llevarme. Hace un frío que pela, estaba intentando mantener mis manos en calor pero el vaho que salía continuamente de mi boca me afirmaba que iba a ser poco efectivo apretarlas contra mi pecho. Pasé por delante de la casa de Ariana, llamé varias veces pero recordaba que hoy entraba más tarde al instituto porque no había hecho los deberes de Humanidades y no le apetecía ganarse una buena bronca de Ronald, nuestro profesor. Rose siempre llega de las últimas, así que no me molesto en llamarla. Pues nada, un lunes solitario y aburrido me espera. Quince minutos más tarde, ya podía visualizar el edificio. Ese tran grande y moderno que tanto me gusta, que tan espacioso y colorido es por dentro, lleno de actividades extraescolares y proyectos educativos interesantes en los que intento participar siempre que puedo.
Sonó el timbre. Me encontraba en mi casillero sacando el material de Humanidades. Me distraje un segundo mirándome en el espejo que tengo colgado en la puertecilla y echando un vistazo a las fotos y pegatinas que acumulé con el paso de los años. El casillero se cerró de repente, Rose estaba tras él no muy feliz que digamos.
- ¿Te pasa algo? -pregunté.
- ¿Que si me pasa algo dices? ¿Qué crees tú? Robbie es i-d-i-o-t-a. -contestó abriendo su casillero, que estaba justo a la derecha del mío y refunfuñando.
- ¿Qué ha hecho esta vez?
- ¡Lo mismo! -gritó histérica.- Y luego vendrá a lamerme el culo pidiéndome perdón.
- Y tú eres la tonta que le perdona. Rose, tú puedes terminar con esto si quieres, pero eres muy vulnerable para Robbie. -contesté.
- Bueno, ¿vas a parar? ¡Deberías alegrarme, apoyarme y animarme! ¡Y haces lo contrario! No me lo eches en cara Diane.
- ¡Pero si eres tú la que...! Mira, no voy a perder más el tiempo discutiendo. Vamos a llegar tarde a clase. -la vi negando con la cabeza mientras me miraba.
- Sigues siendo la misma de siempre. Te encanta llegar puntual y hacerle la pelota a todos los profesores para que te suban nota. Las cosas se consiguen estudiando, no camelando.
- Bueno, y lo dice la que saca un suspenso en Educación Física.
- ¿Qué? Acumulación de tareas sin hacer, partes y faltas a clase. Suspendo por que quiero, no porque no pueda.
- Porque no quieres que se te rompan las uñas, tonta. -dije por lo bajo, pareció no enterarse porque cerró su casillero y se fue hacia la clase de Humanidades mientras yo terminaba de cerrar el mío.
Ella se sentaba siempre con Anie, alguien que encaja perfectamente con sus gustos y costumbres, y yo con Ariana pero ahora mismo me sentaría sola. El timbre sonó por segunda vez y todos se sentaron en sus respectivos pupitres. Esta semana a Ariana y a mi nos tocaba estar en primera fila, la odiamos, pero la considero importante porque así no tengo delante de mi al asqueroso mocoso de Joshua Brooks. El profesor, Ronald, entró cerrando la puerta y tras subir a la tarima escribió en la pizarra a trazo acelerado la fecha del examen de la unidad didáctica cinco.
- Bien, -miró el pupitre de mi lado y a mi, luego a alguien que estaba sentado cinco filas más detrás.- usted, siéntese hoy aquí.
- Porqué. -preguntó enfadado. Su voz me sonaba y no es que me produciera mucha felicidad oírla.
- Porque es un buen sitio para prestar atención en clase y -hizo incapié en lo siguiente.- donde no podrá copiar del cuaderno de otro compañero la tarea que a usted no le ha dado la gana hacer este fin de semana.
Todos los demás empezaron a silbar con lo que le había dicho al chico y a bromear. Cuando gritó y les mandó a callar a todos, supe exactamente quién era. Maldita sea, Zayn.
- Joder. -dijo protestando. Le miré de reojos pero se dio cuenta.- ¿Qué problema tienes? Ni se te ocurra hacer eso otra vez.
- A mi nadie me dice lo que tengo que hacer. -yo parecía que era la única que no temía plantarle cara al chico malo del instituto. Rió sarcástico y se escurrió en la silla.
- Eso ya se verá.
Miré al frente con la cabeza alta y copié los apuntes que Ronald iba dictando. Zayn no hacía ningún esfuerzo por mover la mano y copiar las cinco frases que dijo el profesor, es un ignorante, por no hablar de orgulloso y estúpido. Le odio. Y más cuando se aprovecha de los más pequeños.
Soy zurda. Y eso me perjudica teniéndole al lado. Mientras escribía me movió el bolígrafo con un sólo toque y me pintó una gran línea curva encima del apunte.
- ¿Qué mierda haces? -le dije.
- Uuh -contestó haciendo una mueca de terror con la cara irónicamente.- No me pegues, agresiva.
- Habló.
- ¿Qué? ¿Eh? ¿Qué pasa?
- ¿Qué que pasa? Que eres un orgulloso pijo.
- Más te vale retirar eso.
- ¿Oh qué? ¿Me vas a pegar? ¿Me vas a robar todo el dinero? ¿Qué?
- Bueno, podría aprovecharme de esa figura femenina que tienes. -me miró de arriba a abajo y me puse recta en la silla.- Podría sacarle un buen partido.
- Te lo crees. No me vas a poner una mano encima. -noté una caricia en la parte baja de la espalda, donde la camiseta había dejado al descubierto mi piel al ser corta. Me estremecí.- No vuelvas a hacer eso.
- Pero me deseas.
- ¿Muerto? Claro. -negó tres veces y puso sus brazos detrás del cuello dispuesto a dormir. En primera fila. Lo lleva claro.
- ¡Malik! -gritó el profesor.- Hoy el director está un poco aburrido, ¿qué te parece si va a hacerle compañía? De paso le explica cómo se divierte incordiando a su compañera y lo bien que se duerme sobre el pupitre, ¿ah?
- Hoy... no tengo ganas. Quizá en otro momento.
- Malik, se las busca. Quiero hablar con sus padres y haga el favor de salir de clase. -apuntó en un trozo de papel unas palabras y volvió a mirarle.- Ahora.
Seguí con la mirada al frente, furiosa, pero con mi visión periférica noté como Zayn me miró un segundo y se levantó de la silla. Cuando tocó el pomo de la puerta, Ronald se sentó en su butaca y abrió el libro. En ese despiste, Zayn se volvió, me echó una mirada penetrante con esos ojos vacíos de seguridad y llenos de oscuridad y sonrió arrogante.
Media hora después, el timbre volvió a sonar. Fui a mi casillero sola, pues supuestamente Rose no me iba a hacer ni caso en todo el día, y puede, semana. Ariana me había dejado una nota dentro <<He ido a hablar con Amorfusmen, sí, el de Biología, para que me haga el examen. Me ha dicho que a segunda hora, entonces, siento decirte que vas a tener que pasar otra hora sin mí. Espero que puedas perdonarme, ¿sabías que te quiero? Un beso, y que te sea leve. PD.: ¡Deseame suerte!>> Sonreí y crucé los dedos para que le fuera bien. Dejando los libros en último lugar del hueco y cogiendo los primeros para asegurarme que llevaba el cuaderno y libro de Matemáticas. El casillero, por segunda vez, se cerró repentinamente. Malik estaba al otro lado con un brazo dejado caer en el techo de las taquillas, muy cerca mío.
- ¿Se puede saber qué haces? -pregunté.
- Adivínalo. -sonríe.- ¿Te va un Mexicano esta noche y de paso me enseñas tu casa?
- No voy a salir contigo ni después de que me hayan atropeyado dos camiones cisterna y haya enfermado de gota o una bandada de pájaros me hayan picado el cuerpo. -contesté poniendo la convinación del candado para cerrarla.
- Pues... yo te haría el favor de curarte todas las heridas. Incluídas... -me rozó el pecho con el dedo índice y se ganó un buen guantazo.
- Aléjate de mi, pervertido.
- Te vas a enterar canija de mierda. -me contestó gritando, parecía que me iba a comer con tanto echándose encima.- Mira bien tus espaldas a la salida, o quién sabe, ten segura todas las puertas de tu casa, Wilson.
Se fue sin decir nada más. Me tomé eso como un ''vale, me alejo de ti'' y me fui a las clases. Rose, es bipolar, llegó y me pegó un buen susto al abrazarme por detrás. Entramos juntas en clase y abrimos el cuaderno. Hoy había examen. Y yo no estudié. Y yo voy a suspender. Y mañana no me dejarán ir al partido de hockey con Max, mi vecino de toda la vida.
-Introducción-
Giraba por la rotonda del aeropuerto. Ya casi estabamos a punto de montarnos en el avión y llegar a Toronto, Estados Unidos. El coche estaba dando señales de que se quedaría parado en cualquier momento, no nos dio tiempo a mirar las ruedas y comprobar que estaban en perfecto estado. Mamá y papá iban delante, yo detrás mirando por la ventana, en un descuido, lo último que escuché fue una gran explosión y el freno del coche. Desperté a los pocos minutos en el coche, me zumbaban los oídos y casi no diferenciaba las siluetas. Algo me hacía cosquillas en la frente, algo que atravesaba mi nariz y manchaba mi mano inmóvil. Sangre. Una vez que pude reaccionar ya me habían sacado del coche. Dos horas después, me verificaron que mis padres habían muerto en aquel accidente justo en la puerta del aeropuerto, y yo había sobrevivido, huérfana.
-Santo cielo. Dios Diane, me gustaría saber cómo te sientes. Sé que tienes que estar tan dolida que no te cabe más recuerdo en tu mente. -Ariana le acaricia el brazo a la vez que Rose pone cara de lástima.- Sabes que en mi casa tienes una gran habitación esperándote y...
-Yo te podría decir que te quedaras en la mia pero... ya se han adelantado. -asegura Rose mirando a Ariana, que sonreía dulcemente.
-De verdad chicas, no os preocupéis, puedo irme a Liverpool con mi tía Alison y vendré de vez en cuando a veros. No quiero ser molestia.
-¡Molestia! -Ariana se puso en pie de un brinco y cepilló su pelo.- ¡Es lo último que quiero oírte decir en esta casa! No molestas Di, siempre has sido bienvenida. Además, ¿no me iba a hacer tanta ilusión que te quedaras? Dentro de un año será el último en el instituto, dentro de nada estaremos mirando una casa cerca de London Eye para vivir juntas, pero separadas a la vez.
-¡La independencia lo primero! -exclama Rose muy animada, que seguía posada en el suelo con las piernas entrelazadas frente a Diane.- No me gustaría salir de la ducha y ver que tengo compañía masculina por parte de una de mis amigas, ¿me equivoco?
-Razón que tienes. -contesta Ariana.- Y en cuanto a ti, será mejor que vayas trayéndote tus cosas que tengo un armario super grande. Te haré un huequito.
-Ojalá, chicas, pudiérais sentir todo lo agradecida que estoy. -Diane se levantó y secó una lágrima.- Dios, ha pasado un año ya de esto y aún recuerdo cada segundo. Si pudiera olvidarlo...
-Lo bueno es que has vivido para contarlo. No quiero que me malinterpretes, estoy triste porque he perdido a dos de mis seis padres y para mi es como si fueran hasta de mi familia. -aclara Rose.- Pero feliz porque mi mejor amiga, oséase, mi hermana, está aquí y no ha sufrido más daño que un simple brazo roto del que está totalmente recuperada.
-Me hubiera gustado estar aquí para animarte en tu tiempo en el hospital, consolarte, ofrecerte mi hombro. Diane, sentimos mucho que mientras que te pasó eso estuviéramos en Australia de vacaciones. -contesta Ariana, guardando ropa en su armario. Ella ya ha escuchado la historia tres veces, y según su opinión, contarla es la mejor forma de superarla.
-Dos años después-
Tras aquella bronca con Dean, lo que Diane prefería era tomar una copa en el pub de detrás de casa. Siempre iba ahí cuando necesitaba animarse, y por supuesto lo conseguía. A su derecha Ariana, que pedía por ella como hacía siempre, y detrás en la puerta, un chico guapísimo que no le quitaba ojo. Incluso los diez minutos después de haberse sentado, en el asiento de al lado.
-Buenas señorita. -dijo el morenazo-ojos-miel dedicándole una hermosísima sonrisa.
Le miró dos veces más, sin creerlo. Raramente le recordaba a un chico que estaba inscrito en la misma escuela que ella.
Su nombre era Zayn.
Zayn Malik.
Cuatro años antes (Flashback)
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