martes, 24 de abril de 2012

-Capítulo 7-

Pensé mi acción con la mirada clavada en la rebeca y aquella nota que tenía encima, sin mover ni un músculo hasta que Ariana se volvió para llamarme la atención. Le pedí que entrara en la tienda mientras yo iba a mirar una cosa, y aunque insistió en acompañarme le rogué que no lo hiciera.
<<No quiero que Ariana pague el precio del peligro por mí>>, pensé.
Rodé los ojos buscando a toda silueta extraña a mi alrededor. En unas cuantas zancadas toqué el borde de la mesa y sostuve entre mis manos mi rebeca, mirando con temor a la nota de papel que tenía encima.
''Eres una niña muy obediente. Ahora siéntate. Espera a que venga el camarero. Pides un vaso de agua. Y te vas. No me defraudes, y seguro que me harás caso en el próximo casi encuentro.''
Mis ojos se humedecieron y sentí unas inmensas ganas de llorar por el miedo que corría por mis venas en este preciso momento. Arrugué el papel y lo tiré al suelo mientras me acurrucaba en la silla con la rebeca en las manos, mirando a toda la gente que corría por la planta como si fuera una loca.
Ariana no aparecía, aún se estaba probando ropa y tampoco veía a nadie conocido por aquí. No tenía el atrevimiento de levantarme, andar y buscar a Ariana, ya que en cualquier momento podrían secuestrarme. Si es que esa es la intención que tiene.
Mis piernas se agitaban rápidamente. Miré a la entrada de la cafetería y vi saliendo a un chico alto, esbelto, moreno y de piel oscura apuntando a lápiz en el pequeño bloc de notas.
Cuando levantó la vista, intenté gritar, si no fuera porque él me tapó la boca.

- Tranquila. -dijo.
Negaba con la cabeza, estaba muy asustada. ¿Cómo quería que estuviera tranquila?
- Tranquilízate. -continuó.- No voy a hacerte nada Diane. Promete que no vas a gritar ni a salir corriendo.
Asentí, a continuación sus músculos se relajaron aunque no me soltaba de la muñeca.
- Zayn, te odio. Eres cruel, ¿por qué m'ierda me haces esto? -susurré en lágrimas.
- Odiame, pero te advierto de que no andes sola a partir de ahora.
- ¿Cuando vas a dejarme en paz? ¿Por qué no te vas a hacerle la vida imposible a otra persona de tu altura? -agaché la cabeza.- Si me vas a hacer algo, hazlo rápido.
Notaba una taquicardia.
- Lo que vaya a hacerte, te lo haré. -buscó desesperadamente algo por el centro comercial con la vista. Parecía frustrado.- Oye, vas a volver a casa. ¿Has venido sola?
- No. Déjame. No tiene gracia asustarme de esa manera, ¿cómo conseguiste la rebeca?
- ¿La rebeca? Mira, no sé de qué me hablas. -se acercó a mí, juntando su nariz con la mía.- Vas a volver a casa, con quién sea con el que has venido.
- ¿¡Por qué!? -intentó soltarme.- ¡Sal de mi p'uta vida!
- ¡Deja de gritar! ¡Deja de comportarte como una cría inmadura y escúchame! -me sostuvo de las mejillas.- Estás en peligro y...
- ¡Lo sé! ¡Hasta que no desaparezcas... pues claro que estaré en peligro!
- No. No lo entiendes. Pero no puedo decirte nada. Ven un momento.
Me arrastró hasta introducirme en el trastero de la cafetería, donde guardan los alimentos. Cerró la puerta. Retrocedí cuatro pasos hasta quedar en la pared, lloré con más intensidad y sabía qué iba a ser de mí.
- Vas a obedecerme en todo lo que te diga.
- ¿Vas a matarme?
Él no logró entender. Pero sabía perfectamente por dónde iba la cosa.
- Vamos. Mátame. Pero acaba con esto ya.
- ¡No voy a matarte! ¿Estás loca? -se sentó en una de las cajas de latas de conserva.- Debes tener cuidado por dónde andas, con quién sales y en quién confías. Tienes que irte de aquí lo más pronto que puedas, no salgas de casa y si lo haces que sea en compañía. Pero repito, cuidado con quién.
- ¿Por qué me estás diciendo esto? ¿Crees que voy a fiarme de tí?
- No. Por eso voy a darte esto... -sacó un celular de su bolsillo del delantal. Me lo entregó.- Tienes que marcar el número que está memorizado en la agenda, es el único. Úsalo cuando necesites ayuda.
- Mentira... Eres un mentiroso. ¡Quieres aprovecharte de mí! ¡Quieres que confíe en tí para luego hacerme lo que se te pase por la mente! ¡Secuestrarme durante días! ¡Violarme! ¡Incluso matarme! -le empujaba contra la puerta proporcionándole puñetazos en el pecho mientras mis fuerzas disminuían aceleradamente. No podía dejar de llorar.
Sus manos atraparon las mías.
- No sólo te pido que tengas cuidado con los demás. Aunque ya lo sepas, no confíes totalmente en mí. -me pegó a su pecho mientras me acariciaba el pelo.- Todo va a ir bien, si haces caso en lo que te digo.
- No lo haré.
- Entonces sal. Ve a estas horas de la noche sola a tu casa. Júntate con gente a la que no conoces del todo. Deja que te acosen por mensajes. Deja que te hagan sentir miedo.
Me aparté y le miré.
- ¿Cómo sabes lo de los mensajes?
- ¿No te lo he advertido ya?
- Zayn, ¿estás controlándome? ¿Por qué de repente me llamas por mi apodo? ¿Por qué sabes mi número de teléfono? ¿Por qué sabes dónde vivo? ¿Por qué me dices estas cosas? ¡¡Esto no está bien!!
- No te estoy controlando. Te estoy protegiendo.
- No necesito protección.
- Bien. Acuérdate. Te lo he advertido, y quedate con el móvil, úsalo bien. -me soltó y agarró el pomo de la puerta del almacén.- Diane, ten mucho cuidado.

En cuanto él abrió la puerta salí corriendo a buscar a Ariana.
Me pegaba empujones con todo el mundo, corría, lloraba, tenía miedo. Hasta que por fin vi a Ariana saliendo de la tienda, no se explicaba el porqué de mi actitud.

- ¡Zayn! -grité.
- ¿Qué pasó? -exclamó preocupada.
- ¡Está tramando algo! ¡Tengo mucho miedo, por favor, no me dejes sola! ¿Puedes dormir en mi casa? ¡Mis padres hoy no estarán! -le dije.
- ¿Qué me estás contando? -dejó caer las bolsas al suelo junto con las mías que llevaba.- Diane, justo vienen a recogerme ahora. Iba a salir a avisarte y te encontré. Me esperan abajo con el coche porque voy a casa de mi abuela, sí, la que está fuera de la ciudad. Perdóname con toda tu alma, pero no puedo.
- ¡¿QUÉ?! -me llevé las manos a la cara y caí al suelo. Ariana me levantó y se despidió de mí casi llorando igual.

Recogí mis bolsas y miré a todos lados, bajé por las escaleras mecánicas aferrándome a algo con lo que poder defenderme si se acerca a mí ota vez.
Cuando salí el frío me dio dos bofetadas en la cara. Caminé a paso apresurado sin dejar de vigilar mi entorno.
Cada calle por la que habitualmente pasaba, se me hacía más oscura y siniestra.
Todo parecía más peligroso. Justo esta noche.
Llegué a la plaza común y tenía que bajar cinco o seis calles más para llegar a casa, el camino se hacia mucho más largo ahora que estaba sola y asustada.
En la calle de mi izquierda, comenzó a sonar una melodía de un celular. Me paré en seco y luego vi el cartel ''Carretera cortada por daños viales'', y tuve que pasar por la calle oscura.
Me introduje en ella sin dejar de escuchar la música de llamada, se hacía más fuerte y más oscuro por la ausencia de faroles.
La música se paró, al igual que yo.

Unas manos me taparon la boca, los ojos no respondían con tan poca luminosidad. Un brazo me presionaba el estómago y me sentía arrastrada hacia el final de la calle.
Me agitaba de lado a lado mientras me golpeaba en la parte baja de la espalda con su rodilla. Tenía un cierto olor a tabaco y alcohol sorprendente.
Quería escapar pero lo único que podía hacer era morder la palma de la mano de quien quiera que sea.
Luego, le proporcioné una patada entre sus piernas y salí corriendo sin recoger las bolsas que cayeron al suelo en el momento en que vi pasar mi vida en unos escasos segundos.

Tuve problemas al intentar meter las llaves en la cerradura de casa, mi cuerpo temblaba y lloraba con gritos desgarradores.
Al entrar en casa, no conseguí ver nada. Todo estaba oscuro excepto la televisión.
Esta estaba encendida.

martes, 17 de abril de 2012

-Capítulo 6-

Esa tarde tomé el almuerzo rápido y ligero.
Hoy voy a vestir con unos vaqueros, una blusa floreada y una chaqueta denim clara, acompañándolo todo con un pañuelo de color rojo cayena a juego con los botines. Algo fácil de quitar y rápido de poner.
Dejé el bolso preparado en la entrada, con el monedero, el mini espejo, los voletos de descuento en tiendas de comida rápida, las toallas húmedas, la cámara de fotos; mientras me hacía tirabuzones en el pelo y me maquillaba sólo un poco.
El celular estaba sonando y vibrando encima del escritorio, a unos pasos de mí. Me acerqué a él y lo descolgué.

- ¿Sí? -pregunté.
Se escuchaban respiraciones. Luego cortaron la llamada.
Miré extrañada a la pantalla. <<Será Ariana, avisándome con un 'toque' para que baje>>, pensé.

Terminé de prepararme y salí de casa colgándome el bolso en el hombro. 
Ariana me esperaba en la esquina de casa. Iba muy linda vestida y me saludó con una sonrisa.
Nos trasladamos al centro comercial en bus. Hacía un poco de calor en él debido a la calefacción y porque estaba lleno de gente, muchos de ellos tenían que ir de pie.
Ibamos hablando sobre lo de inscribirnos en el club de animadores, y tal vez pasar las pruebas para entrar en el grupo con Suzanne. A mí no me agradaba mucho la idea, pero lo pasaríamos bien de seguro, y sobre todo, conoceríamos a los chicos gupoas del equipo de baloncesto. Esto supone un gasto en la vestimenta y el traslado hasta el instituto donde tenga lugar el partido, un dinero que no tenemos. Aún así conseguiremos pagarlo y nos divertiremos muchísimo.
El bus se paró y nos bajamos justo en frente de las puertas del centro comercial.

- ¡De compras! ¡Woho! -gritamos al unísono.

La gente pegaba empujones en la primera planta. Había tanta, que apenas se veían las entradas de las tiendas. Vimos la sección de alimentación y decidimos ir a comprar algo en Starbucks.
Estaba bebiendo mi frappé cuando mi celular volvió a sonar tal como un despertador a las seis.

- ¿Hola? -nadie contestaba.- ¿Te crees gracioso? ¿Hola, quién es?
Pero la llamada volvió a ser interrumpida.
- ¿Qué pasa? -me preguntó Ariana agarrándome del brazo.
- Alguien se está dedicando a llamarme y luego a colgar. No sé quién es porque el número aparece como desconocido. Y que yo sepa, sólo puede ser alguien que conozca mi número. O es Andrew o Logan, o incluso Rose que quiere pegarme un susto. -guardé el celular.- Pero si me entero de quién es. Se enterará.
- Pues vaya gracia. -protestó.- La próxima vez le cuelgas.
- Eso es lo que haré precisamente. -respondí.

Entramos en varias tiendas y nos compramos gorritos de lana con forma de animales muy lindos y monos. Zapatos, fundas para el móvil, pendientes, pulseras, collares, anillos, vestidos, camisas, pantalones, poleras...
Sosteníamos con la muñeca varias bolsas de diferentes tiendas.
Bebíamos de los refrescos que habíamos comprado mientras ambas nos sentamos en el banco de al lado de la fuente que decoraba el pasillo de la segunda planta.

- Ari. -dije. Ella me miró atenta.- Creo que estoy sintiendo odio hacia Logan.
Ella abrió los ojos como platos.- ¡Pero si estabas super colada por él! Oh no... ¿Estás enferma o algo? -me palpaba la frente intentando medir mi temperatura con la palma de su mano.
Reí.
- No sé...
- ¿Es por Zayn, porque siempre te recuerda cosas de él? -miré mis manos. Asentí.- Puede que Logan no lo haga con mala intención, ya sabes, los chicos siempre meten la pata inconscientemente. Así que de ellos te puedes esperar cualquier cosa.
- Quizá sea así. -suspiré.- Pero esas cosas me hacen daño. No quiero seguir recordando a Zayn, y menos que mi amigo, -tosí.- chico que me gusta, me lo haga hacer cada minuto de la mañana.
- Háblalo con él. Explícale porqué no quieres que lo haga más. -dejó las bolsas en el suelo.- Vamos. Así seguro que no vuelve a ello nunca más. ¿Sabes? Siempre has tenido la capacidad de convencer fácilmente a los chicos, y Logan no es que sea muy cabezota.
- Le dije millones de veces que dejara de hacerlo, pero sigue. -la miré.- ¿En serio crees que no es cabezota?
- Bueno... Tal vez un poco.
Agité la cabeza y me volví para ver a la gente pasear rápido por el lugar.
- Oye ______. -la escuchaba aunque siguiese mirando a otro lado.- Mírame.
Le hice caso.
- ¿No tendrás miedo de Zayn, verdad?
- ¿Yo? ¿Miedo? -me eché a reír.- ¡Para qué! Lo que quiere conseguir es eso. ¿Yo? A mi no me asusta nada. Ni nadie.

< Eso es mentira, _______.>

- ¿Y? Entonces, ¿por qué te asusta tanto acordarte de él? -sonrió.- A ver. Zayn es muy malo, y peligroso. Pero... A todas nos ponen los tíos como él. Guapos, fuertes, deportistas, y ese toque de peligro.
- ¿Me insinúas que vas por Zayn? -dije en un asombro.
- ¡No! -exclamó.
- Pues... Lo parece.
- Vale, puede que me mole un poco. -se retocó el cabello.- Pero es sólo una atracción sexual hacia él.
- ¿Ariana McDonald? Déjame decirte que es la primera vez que de tu boca sale algo como, ''atracción sexual''.
- Yo no soy ninguna santa. -protestó.
- Ya querida, ya.
- Pues eso. Es que... Me saca de mis casillas, es tan... Tan... Orgásmico. -miró al techo medio soñando.
- Ari. -le pellizqué en la nariz para que bajara de las nubes.- No me vayas a contar ahora alguna fantasía sexual de las tuyas. Me dijeron que me mantuviera alejado de Zayn, y tú deberías de hacer lo mismo.
- Yo no me junto con él.
- Pero piensas en él.
Ambas observamos como el reloj del techo marcaba las nueve y media.
- Se hace tarde. -dije.
- Entremos en una última tienda más. -me miró con una tierna cara de cachorrito.- Por favor, ______. Una más.
- Está bien, pero luego nos vamos.

Nos pusimos en pie y recogimos las bolsas del suelo. Pasando por una papelera y tiramos los vasos del batido en ella, emprendimos camino hacia la tienda de los shorts y camisas de banderas.
Esa tienda me encanta, es de mis favoritas. Todo lo que encuentras allí, lo ves en los blogs, a las chicas más guapas y con el mejor cuerpo de Bradford, o hasta donde yo puedo ver aquí. Aunque es un poco cara.
Pensativa, dudé si realmente odiaba a Logan. Es una gran persona, tiene muy buen corazón y es lo más hermoso con lo que me he cruzado desde hace cuatro años. Siempre que le veía pasearse por los casilleros, me mordía el labio e intentaba no tener malos pensamientos con él y una habitación a solas y a oscuras, pero cualquier intento era tonto para no tener ese sueño. Pero de verdad es que estos días me está molestando un poco. Es como si de repente quisiera herirme porque sabe que eso es lo que quiero evitar. Aunque debo reconocer que lo que hizo en el gimnasio, de agarrarme la mano y ponerse delante de mí cuando Malik entró en él, fue muy caballeroso y perfecto. Pero tuvo que llegar el otro a estropear el momento y lo empujó fuera. Hablando de Zayn, sí le tengo miedo. Ahora sí que sí.

** Beep. Beep. **

Había recibido un nuevo mensaje de texto al celular. Todo el bolso me vibró en el acto, no dudé en mirar.

<< ¿Quieres un regalo? Te está esperando en una de las mesas del 'Café Rulette', a seis pasos de tí. Te echa de menos, y creo que tú también a él. >>

Me entró el pánico pero miré como si nada hacia las mesas del café. En una de ellas encontré mi rebeca color berenjena en el centro de la mesa.
Sobre ella pude ver una nota.
Y volví a recibir un mensaje.

<< Vamos, no te cortes. Sé que estás deseando ir a cogerla. Oh no, ¿no tendrás miedo, no? Aquí hay demasiada gente para que pueda hacerte algo, te ves tan sexy con esos pantalones ajustados. Pero te advierto, no entres sola en los baños. ''Di'''. >>

Mi cuerpo comenzó a temblar.
Sabía que en cualquier esquina, envuelto en penumbra y escondido de los demás, estaría vigilándome.

lunes, 9 de abril de 2012

-Capítulo 4-

Descendía lentamente por la sinuosa carretera. Faltaban diez minutos para que le viera pasear por ahí, o eso creía. Aparqué el coche pegado al muro de la casa de Logan, bajo los robles de esa zona, y al otro lado la farmacia de la señora Abigail.Le envié a Ariana un mensaje, ''Si ves a mi madre, dile que tardaré un poco en llegar. He ido a devolver un libro a la biblioteca''.
Sólo me quedaban dos minutos de tranquilidad, abrí la guantera y me puse las gafas negras de sol, irreconocible. También encedí los faros con las luces largas, deslumbraré a cualquiera y yo podré verles, pero nadie podrá verme a mí.
Un minuto antes de que comenzara la posible travesía hacia él, un coche subió y paró al otro lado de la carretera, los faros apuntaban a mí pero no podíamos vernos. Sostuve la posición cinco minutos, hasta que otro coche, un BMW gris ascendió por la misma carretera y se paró a mi lado. La ventanilla se bajó.

- ¿Diane, qué haces aquí? -preguntó mi madre, me quité las gafas rápidamente.
- Había ido a devolver un libro y había hecho una parada para mandarle un mensaje a Ariana. -contesté.
- Volvamos a casa, venga. Es un poco tarde para andar sola por aquí. -mi madre arrancó el coche. Me fijé por última vez al todoterreno negro, la puerta delantera se cerró a la vez que daba marcha atrás y media vuelta para seguir al coche de mi madre.

El todoterreno me seguía. Dejando un poco más de distancia, debido al temblor producido por las piedras de la carretera no distinguía los números de la matrícula.
Mamá abrió la verja de casa y metimos los coches dejándolos frente al porche. Al salir y colocarme detrás de ella frente a la puerta de casa, miré disimuladamente a la entrada. Ni rastro del todoterreno.


Martes seis de diciembre, hace un buen día hoy en Bradford, y como yo suelo decir... Día nuevo, vida nueva. Acompañé a Rose hasta la cafetería, Ariana nos esperaba en una de las mesas junto a Logan, Andrew y Suzanne. Andrew es el hermano de Suzanne, del equipo de baloncesto del instituto, y ella animadora jefe. Siempre andan juntos, y hasta que no se supo, todo el mundo creía que estaban saliendo. Fue un día embarazoso para ambos.
Menú del día, ensalada de pasta, delicioso, quitando el amargo sabor a naranja que accidentalmente entre comillas las cocineras vierten en el plato.
Subimos las escaleras hasta sentarnos en la mesa redonda y azul.

- Buenas, buenas, buenísimas tardes. -dije sacando el tenedor de plástico del papel transparente para empezar a comer.
- ¿Buenas? Hoy alguien se ha levantado con buen pie. -añadía Ariana acariciándome la mano suavemente.- ¿Dormiste bien?
- Tuve dulces sueños. Y hoy es un nuevo día. -les sonreí a todos.- ¿Qué tal tu mañana Logan?
- Aburrida. ¿Te ha dado mucha lata Zayn? -me contestó. Pestañeé dos veces y actué como si no hubiera escuchado su nombre. Me dirigí a Andrew.
- Hoy Jay se ha llevado un buen piñazo con el balón, mea culpa.
- ¿Jay? ¿El que se pone a grabar los entrenamientos? -dice Rose antes de morder el pan.
- Sí. Es asqueroso, a veces nos enfoca a nosotras hasta que un día fui y le robé la cinta. ¿Sabéis a dónde fue a parar? -Suzanne nos miraba atenta, esperando una respuesta.- A un inodoro del baño de las chicas. No se atrevió a entrar.
Todos reíamos.
- A veces pienso que Jay tiene un serio problema. -Logan me levantó la mirada.- Se deja ver mucho con Zayn.
- ¿Puedes dejar de hacer eso? -contesté ofendida dejando caer fuertemente el tenedor.
- ¿Hacer? ¿Qué?
- Eso. Repetirme constantemente su nombre. Creo que dejé bien claro que no quería tener nada que ver con él, y por si no lo hice, espero no escuchar que lo nombráis.
- Pero todos hablan sobre eso Diane. Zayn está formando una banda, dicen que se está haciendo más fuerte, que va al gimnasio cuando falta a clase. Por ejemplo hoy mismo, -rebañaba su plato. Logan me estaba poniendo de los nervios.- las tres primeras horas. Están diciendo que tiene nuevos planes para alguien, ayer le vieron subir por la carretera hacia mi casa aunque en el cruce le perdieron de vista. -traga.- Nadie sabe lo que...
- Espera, espera. Rebobina. ¿Le vieron? -intervine. Todos estaban mirándonos a Logan y a mí mientras comían su almuerzo.
Logan asintió tres veces.
- Cambiemos de tema, ¿tenéis planes para este fin de semana? -continuó Suzanne dejando su bandeja en el centro de la mesa.- Había pensado que podríamos ir al cine a ver una peli, me han dicho que hay estrenos muy buenos esta semana.
- Una gran idea. Alguna de intriga y misterio... -dijo Andrew.
- No quiero nada de misterio a estas alturas. Comedia, eso estaría bien. -respondí.
- Bueno, si vamos, lo decidimos más tarde. Yo no lo tengo seguro, esta semana vienen mis primos de Blackburn de visita. -prosiguió Ariana.
- Sacarás tiempo. -dije.

Volvimos a las clases. El día se pasó rápido y la última campana sonó, Ariana y Rose me acompañaron a dejar los libros en la taquilla del pasillo y recoger un trabajo que presenté.
Aprobado, no sé cómo lo hago, siempre saco buena nota y no me lo había preparado, lo hice corriendo. Luchamos por llegar al aparcamiento entre tanta multitud de estudiantes junto a Suzanne, Andrew y Logan nos esperaban en el aparcamiento. Mientras bajábamos las escaleras, el sol nos calentaba la piel, era confortador.

- ¿Logan? ¡Vamos! -gritó Rose.
Miré hacia el grupo de chicos que había frente a un coche. Todos estaban vestidos con chaquetas negras y camisetas blancas, uno de ellos se giró. Zayn. Me miró profundamente y sonrió saludándome. ¿Hola? Pasamos por al lado de todos ellos para llevarnos a Logan, yo me quedé la última con Suzanne.
- Hola Di. -dijo apoyándose en el capó del coche levantando una de las manos. No le presté atención.
- Di. ¿Desde cuando te llama así? -me dice Suzanne cuando estábamos un poco más alejadas de todos ellos.
- Es la primera vez que me lo dice.

Cuando llegamos a la zona donde teníamos nuestros coches aparcados, Andrew agarró a Logan por el cuello de la camisa y lo empujó fuertemente contra el lateral de su coche.
- ¿Se puede saber que hacías con Zayn y compañía? -le gritaba.
- ¡Ellos! ¡Me cogieron desprevenido!
- Más te vale. Que no te vuelva a ver con ellos...
- Ya. Andrew. Ya vale. -le tranquilizó su hermana.
Saqué las llaves del bolso, pero recordé que había olvidado la rebeca morada en la taquilla.
- ¡Mierda! -grité.- No tardo chicos. He olvidado algo.

Entré de nuevo al instituto, intentando esquivar la marea de alumnos que iban en dirección contraria a la mía. Ya sólo eran los que permanecían más tiempo en las aulas para persuadir a los profesores para un aumento de la nota, los que quedaban en el instituto.
Hacía ya bastante tiempo que no me quedaba sola en los pasillos. Me recordaba a mi niñez, cuando durante las clases me dejaron salir al baño y tenía que recorrer tres pasillos para llegar a ellos, y terminaba perdiendo mi aula, y no había nadie para ayudarme.
Vi mi taquilla cerrada aunque con el candado abierto, al mirar dentro comprobé que mi rebeca no estaba en el interior. <<¡Yo la había cerrado con llave!>>, pensé. Aunque luego lo recordé todo.

Ya iba a salir de la clase para encontrarme con Rose y Ariana. Suzanne me sujetó de la mochila impidiéndome andar.
- ¿Se te olvida algo? -me preguntó.
- No. Que yo sepa.
- ¿Seguro?
Asentí.
- ¿Tal vez una rebeca color berenjena que siempre llevas? -añadió.
- ¡Pues claro! ¡La olvidaba!
- Déjame las llaves, voy a por ella y de paso cojo tu libro de Francés, no encuentro el mío. -se aclaró la voz.- Porque puedo, ¿verdad?
- Claro, claro. Y gracias por cogerla. -respondí deciéndole las llaves.- La ciento diecinueve. -al separarme de ella vi de lejos a Ariana y a Rose saludarme.

 Supongo que ella la habrá cogido y no lo recuerda, ahora se lo diré.
Tranquilamente recorrí esos tres pasillos para ir al baño. Era importante darse un repaso antes de volver a salir a la calle, nunca sabes lo que te puede pasar.
Entre segundo y segundo pensaba en lo que íbamos a comprar esta tarde Ariana y yo en el centro comercial. Tenía en plan comprar tantas cosas y sobre todo ropa que perdí la cuenta.
En seguida vi mi reflejo en el espejo. <<Ugh...>>, pensé cepillándome el pelo con los dedos.
Tenía una pestaña en la mejilla, me acerqué más al cristal e intenté quitármela.
Escuché madera crujir. Efectivamente, Zayn estaba apoyado en el marco de la puerta.

- ¿No hay un día en que no me encuentre contigo a solas? -preguntó sonriendo.
- Tal vez sí, tal vez eres tú el que me persigue. -me frotaba un poco las mejillas con colorete rosado.
- Tal vez porque eres tú la que me atrae. -acto siguiente, se puso detrás de mí y me abrazó desde la espalda. Sentí como su cuerpo se pegaba al mío y me produjo escalofríos.
- Sal. Es el baño de las chicas. -contesté en un hilo de voz mientra cerraba ambos ojos.
- ¿Corro peligro? ¿Me meteré en problemas si no lo hago?
- Puede.
- Entonces me quedaré.
Acto siguiente, me saboreaba el cuello. No podía soltarme, no conseguía escapar. La puerta de uno de los inodoros se abrió. Su supuesta novia nos miró y me imaginé mi propia tumba.
- ¿Zayn? -dijo ella.
- Eveline... -contestó Zayn separándose de mí. Agaché la cabeza y recé para que de aquí saliera ilesa.
Eveline se ofendió, expulsó un bufido y enarqueó una ceja. Salió del baño proporcionándole un buen bofetón a Zayn.
- La admiro. Es lo que siempre he querido darte. -añadí.
- Más vale que retires eso. Mira lo que has conseguido.
- ¿Perdona? He llegado aquí, has aparecido y la has cagado con tu novia. Yo aquí no he hecho nada malo...
- Seguirme el juego, preciosa. -volvió a acercarse. Me acariciaba la mejilla con sus labios. Necesitaba que otra chica saliera del baño y lo apartase de mí.
- Déjame.
- ¿Y sino...?
Le miré fijamente. Era la primera vez que conseguía sostener la mirada.
Él miró su reloj.- Nos veremos hoy, lo sé. Ahora tengo que irme. -me besó la mejilla. Mis manos y piernas temblaban.- No me pongas los cuernos, ¿vale? Nos conocemos... Di.
- ¿Por qué me llamas Di? -pregunté antes de perderle de vista.
Zayn se volvió para mirarme.
- Porque así es como pueden llamarte tus amigos.
Desapareció.

domingo, 11 de marzo de 2012

-Capítulo 3-

Mi mente no dio para más. Aún quedaba una última clase a la que, por supuesto, no puedo faltar según mi padre. Educación Física. Es la que más odio, ya que tengo que estar llevándome los leggins y la camiseta para hacer el deporte adecuado y siempre se me olvida. Ojalá hoy mire en la mochila y esté la camiseta y la falda de tenis. Sí, hoy vamos a jugar al tenis en la pista cubierta.
Entregué mi trabajo de hoy al profesor a la vez que sonaba el timbre. Todos salimos del aula y Rose, Ariana y yo nos dirigimos hacia el gimnasio cubierto, donde ya estará colocada la red de tenis.

- ¿Sabéis qué? -añadió Rose. Cortó el silencio que invadía nuestro alrededor, el mismo que llevaba haciéndolo desde que les conté a las dos lo que me había pasado.
- Qué. -contestó Ariana imaginándose lo que Rose tenía en mente.- ¿Cómo te has lesionado esta vez?
- Pues... dejadme pensar...
- ¡Rose! -exclamé.- ¿Quieres volver a suspender la asignatura?
- Sí. -contesta.- Es que no puedo hacer gimnasia si tengo un esguince en la muñeca.
- Genial... genial... -respondí soltando aire. Intentando tranquilizar la tercera guerra mundial en mi interior. La actitud de Rose es amarga, me pone nerviosa, me consterna.
- Aparta. -una chica empujó a Rose. Creo que no sabe lo que pasa cuando la apartan de su camino. Ella era una morena de un gran cabello, alta, cuerpo esbelto y trapos caros. Copia de Rose.
- ¿Aparta? -contestó Rose ofendida.

Hasta que todo encajaba. Hasta que me di cuenta al pasar por mi lado que llevaba a alguien agarrado de la mano que la seguía. Alguien de piel oscura. Alguien como Zayn Malik.
Él me miró y sonrió al ver mi cara asombrada. También iba al gimnasio.

- Zayn... -intentó añadir Ariana.
- No quiero volver a oír ese nombre. -bufé.- Ya estoy harta. Nunca me ha pasado nada con él y ahora está ocurriendo todo de golpe. Necesito tranquilizarme por hoy, ¿vale?

Continué acelerando mis pasos y dejando más longitud entre pierna y pierna para llegar antes. Pero no me dio tiempo, ya había llegado antes que yo.
Me crucé de brazos y esperé a que aparecieran Ariana y Rose en los vestuarios mientras me cambiaba de atuendo. Abrí mi bolsa de deporte y saqué el polo blanco y la faldita blanca -odio este deporte, parezco una puta vestida así- y los tenis adecuados. Guardé el uniforme y me coloqué el de tenis.
Rose y Ariana llegaron en el momento que yo salía de los vestuarios. Ellas dos entraron y fueron llegando el resto de las chicas de mi clase para cambiarse de atuendo también.
Mi profesor de Educación Física me solicitó a mi y a Logan, el chico que me gusta de mi clase, para ayudar a traer el material que nos iba a hacer falta y entramos en el gabinete del gimnasio para cogerlo.

- ¿Es cierto eso de que eres la nueva mamá de Zayn? Si puede llamarse así. -me dice Logan.
- Jaja. -reí tontamente.- Bueno, está claro que no voy a ser su mamá, solo alguien que estará pendiente de que no robe mis apuntes durante clase.
- No tienes plan de hacer nada a su favor. ¿No? -negué, moviendo la cabeza de lado a lado, esbozando una sonrisa de niña.- Zayn fue amigo mío.
- Interesante. ¿Y ya no?
- No.
- ¿Y eso, por qué?
- Eeh... -tragó parte de la saliva que inundaba sus palabras y se dio media vuelta.- No te he dicho nada.
- ¡Logan, querido amigo! ¿Por qué no vas a cambiarte? -sonrió.- Hoy tenemos que jugar al tenis y no vas adecuado para ello.
Logan me observó y tragó saliva.- Puede que luego, cuando terminemos de sacar todo el material a la pista. -miré a otro lado e intenté que la cosa no fuera conmigo.
- Yo lo haré por ti.
- Gracias, pero no -noté como la presencia de Logan se acercaba y se ponía delante de mi.
- Vete de una puta vez.
En ese momento agarré fuertemente a Logan de la mano y cerré los ojos negando. Pero Zayn, brutalmente le empujó fuera y ahora supe lo que era sentirse sin protección.
- Vaya, vaya. ¿Una charlita con Logan Campbell? -cerró la puerta del gabinete. La cerradura emitió un sonido que se clavó como una espina en mi corazón. Estaba cegada con la luz del día que entraba por la pequeña ventana del techo, no conseguía verle a él. Realmente estaba pasando miedo en ese momento.- ¿Te ha pedido salir ya? ¿O a ti te va más quedar para estudiar?
Simplemente no contesté. Sabía que él podía verme gracias al destello de luz, pero aún así me aferré al poste de hierro de la red de volley que tenía detrás.
- Tienes miedo, ¿eh? -continuó.
- Nadie te ha dicho que lo tenga. -contesté firme, segura de mí misma. Aunque sentía como las piernas estaban dejando de responder.
- Uuh. -rió.- Eres una chica con agallas. -su dedo índice rozó el filo de la falda de tenis. Ahora sí le veía la cara.- Creo que al lame culos del profesor no le importará que seas hoy mi pareja. ¿A que no?
- No. Pues claro que le importará, no pienso tener nada relacionado contigo Zayn.
- Y me llama por mi nombre. -reía fuertemente.- ¿Sabes? Me gustas. Me recuerdas a mí al principio.
- ¿A ti? -reí imitándole.- Yo no me parezco a ti. Más quisiera ser como yo un gilipollas que vive acosta de la gente y robando y acosando a chicas y niños pequeños. Venga ya Malik, ¿por qué no intentas hacer eso con un tío o alguien como tú? O mejor aún, ¿por qué no le enseñas a tu madre cómo fuerzas a cualquier chica para que se acueste contigo?
El suelo se me vino encima o yo lo besé. Fue como una ola de fuerza arrollándome a toda velocidad. Fui arrastrada por la inercia un metro de distancia de él.
Me había empujado contra el suelo sin compasión.
- Tú no tienes ni idea de lo que tengo pensado hacer. Ni idea. -me agarró de la muñeca invirtiendo mucha fuerza en ello.- No vuelvas a intentar nada como esto otra vez Wilson. Por tu bien...
Zayn se levantó apresurado y colocó una cuerda de comba bajo mi pie. En ese preciso momento la puerta se hubo abierto y el profesor entró mirándonos a los dos.
- ¿Qué está pasando aquí? -preguntó sin apartar la vista de la de Zayn. Logan entró tras él mirándome a mí.
- Nada. -contestó Zayn.- Se había tropezado y cayó al suelo. -forcejeé para contradecirle, él clavó sus ojos color azabache en los míos. Sentí como si me tapara la boca para no hablar, y en realidad no lo hacía.
- Bien. Salgan ya, la clase va a empezar.

Cuando el profesor se fue, andé apresurada hacia Logan. Zayn me adelantó y cruzó la puerta rozándome la cara, sabía que me estaría acechando desde cualquier parte y no podría hacer nada para impedirlo.
No me separé de Logan en toda la clase. Ariana me tuvo que perdonar y dejar que me pusiera de pareja con él, no quería dejarme sola. Por una parte me beneficiaba, pero por otra seguía sin estar del todo tranquila.
<<Zayn fue amigo mío.>>

No tardé mucho en cambiarme de ropa.
Salí corriendo de la mano de Ariana, hoy me quedo a comer en su casa.
El frío no compensaba. Y más si debíamos andar unas cuantas calles hasta llegar, aunque la suya estaba más cerca del instituto que la mía. Ella me hablaba mientras tanto, pero yo la oía sin escucharla. No podía dejar de darle vueltas a todo lo que me ha pasado hoy, todo lo que ha sucedido en seis horas y no es que fuera para sonreír. Cómo una persona puede llegar a ser tan pendenciera y peligrosa como para hacer que todo un instituto tenga miedo de él, no se merece todo lo que recibe, respeto.
Ariana se llevó cinco minutos llamando a la puerta de su casa, nadie abría. Por suerte llevaba consigo su manojo de llaves descoloridas y llenas de colgantes y llaveros pomposos.
La casa nos consumió en un frío e impenetrable silencio.
Parecía que cualquier charla o ruido que produjésemos sería infructuoso. Sus padres habían salido y Ariana no sabía que hacer de comer, su madre se olvidó de que venía.
Un par de bebidas gaseosas y un pollo al horno que calentó Ari en el microondas tras sacarlo de la nevera y del plástico transparente que lo cubría.
La casa de Ari siempre me había parecido la típica casa escocesa, con el papel estampado en las paredes y los muebles clásicos. A ella nunca le habían gustado, por eso cuando entras en su habitación te das cuenta que estás en el siglo veintiuno y no hace dos. Tiene muchos pósters colgados en la pared, fotos en un tablón de corcho, montones de ropa en la silla y esos colores llamativos que siempre le han gustado. Eso es lo que la describe, una loca prudente.

- ¡Ajá! -exclamó. Giré en la silla con los ojos abiertos.- Mi hermano guarda los brownies aquí.
Por si no lo he mencionado. Ariana tiene un hermano, de unos cinco años mayor que ella, guapo pero nada popular en el instituto. Nunca ha tenido novia, o eso es lo que todos comentan sobre él.
- ¿No sabías donde guardaba tu hermano Stevie los brownies? -intervine aclarándome la voz en un sorbo de gaseosa.
- No. Por muy sorprendente que sea. -quitó la tapadera y estaban llenos de moho.- Ugh, -protestó.- se nota que son de él.
Tras ello, pisó la palanca del cubo de basura y vació la bandeja de brownies en él.
- ¿Tienes planes para mañana por la tarde? -pregunté.
- Tengo examen de mates el jueves. ¿Por qué?
- Por si querías venirte de tiendas. Necesito unos zapatos para la noche de año nuevo, no tengo ganas de quedarme en casa viendo la tele. -me comí el último trozó de pollo y me froté las manos.- En el centro hay chicos guapos.
- No sé Di, debería estudiar.
- ¡Vamos! Serán sólo... ¿dos horas y media? -reí.- Nos damos un respiro, sólo quedan dos semanas para navidad Ariana.
- Bueno. Qué remedio.

Le ayudé a recoger la cocina. Los trozos de pollo quemado pegados en el plato y en el tenedor, y encendimos la radio. Tras luchar por alcanzar un sitio en el que cogiera bien la señal, bailamos nuestra canción favorita con dos cucharones para servir la sopa.

- I want to break free! -gritamos al compás. Nadie podía oírnos.

Permanecimos disfrutando del momento hasta que el timbre nos cortó el punto.
Ariana acudió a la puerta y miró por el pequeño ventanal vertical de al lado de la puerta, levantando un poco la tela blanca que lo escondía. No se veía nada. Ella no tuvo más remedio que abrirla y asegurarse de que no había nada ahí. Al hacerlo, una voz profunda inundó mi cuerpo, me produjo escalofríos.

- No está. -contestó mi amiga apretando la madera de la puerta.
Sólo conseguía oír las palabras de Ariana. Decidí ir a ver qué pasaba, y se me derrumbó el mundo en un instante.
- ''No está''. -repitió él.- No sabes mentir.
- Qué. -dije.
- Baja los humos. He venido porque ibamos a ir al mexicano, ¿recuerdas? -contestó con una falsa sonrisa. De esas que te cuesta poner cuando en realidad no quieres.
- Mi respuesta fue, y sigue siendo un no. No quiero tener que ver nada contigo.
- Pero los demás sí quieren.
Los tres nos quedamos callados por unos segundos.
- ¿Y...? -añadí esperando a que se fuera.- ¿No tienes nada más que hacer que quedarte aquí de pie mirándonos?
Se encogió de hombros.- Sí, a no ser que me acompañes a comer burritos.
- No.
- ¿Estáis solas en casa? -continuó jodiéndome.
- No. El hermano de Ariana está arriba.
- ¿Quién? ¿Le conozco?
- Obviamente no, quién va a querer tener amistad contigo, ¿Zayn?
- Obviamente tú, preciosa.
- Obviamente no estás bien de la cabeza. Vete a tu casa. -forcejeé la puerta para cerrarla. Zayn colocó el pie y lo impidió. Se acercó al marco y sólo podía ver su nariz y sus labios, unos cuantos mechones de pelo moreno que asomaban.
- Esta noche a las diez y media, en el cruce de la casa de Logan y la farmacia de la señora Abigail. Espero que seas puntual, Wilson. -susurró. Al instante se desapareció en el grisáceo centelleante de la niebla invernal.


Cerré la puerta y Ariana echó las llaves a los cerrojos. Nos aseguramos que todas las puertas y ventanas de la casa estaban cerradas. Soltamos un soplo de alivio.

- Diane, tienes que dejar esto. -dijo irrumpiendo en la tranquilidad de su habitación, asegurando su ventana, contemplando como la niebla acariciaba la hierba seca del césped.
- ¿Dejar el qué Ariana? -chasqueé la lengua.- ¿Dejarle a él?
- Sabes a lo que me refiero.
- ¡No puedo! Todos los profesores, Ariana, ¡todos!, quieren que sea su tutor. No me dejan cambiar ni expresar mi opinión, lo hago por obligación e intentó tener el mínimo contacto con él. Pero lo hace difícil, está todo el día y cuando menos me lo espero detrás de mí, sigiloso y susurrándome amenazas al oído. -me crucé de brazos.- ¿Crees que no quiero dejarlo?
- Puede que ellos quieran que lo seas. Puede que él también.
- Explícate.
- Zayn es como un cazador dispuesto a llevarse un buen animal fresco a casa. No se cansará hasta conseguir lo que quiere. Y no se centra en algo por casualidad, lo hace por una sola razón. -suspiró sentándose en el borde de la ventana.
- No te entiendo. ¿Cómo debo tomarme eso?
- Como que Zayn te hace, dice esas cosas porque tiene algún plan o intención para ti. Los cazadores cazan para qué, para comer ¿no? Pues Zayn hace eso por un motivo.
- ¿Y cuál es ese motivo?
- Nadie lo sabe, ni nadie lo supo.
- ¡Ah! ¡Bien! ¡Genial! ¡Estoy en la lista negra de gente a asesinar del matón del instituto por algo y nadie sabe el qué!
- No fue fácil para Helen tampoco. -añadió ella setándose en el borde de su cama, abriendo un viejo libro de Agatha Christie de 1970, ''Pasajero a Frankfurt''.
- ¿Helen? -pregunté.
- Confiaba en cualquiera, desde entonces nadie supo de la chica. -se expresó ella.- Algunos dicen que él la tiene escondida por las afueras de Bradford, otros que se fue del país, y los demás que se cambió de instituto y empezó de cero. Por eso no quiero que tengas nada que ver con él.
- ¿Escondida? ¿Quieres decir que está...? ¿Que está...? -me sobresalté.- ¿Zayn la mató?
- Él dice que no, pero todos lo pensamos. Nadie supo el sufrimiento que ella pasó hasta que salió en el periódico que estaba desaparecida.
- Ariana, te agradezco tu información pero estás consiguiendo asustarme...
- Lo bueno es que como soy tan sarcástica... -se fue levantando, simulando un nerviosismo que ella no tenía en este momento y cerró el libro sonoramente.- sólo te estaba bromeando.
- ¡Ariana McDonald! ¡Pues creo que la próxima en morir vas a ser tú! -le azoté con la almohada que tenía en la cabecera de la cama, hasta que eso empezó a soltar su plumaje. Pusimos la habitación perdida de plumas blancas y suaves.- En serio, no vuelvas a hacer eso. Me has asustado, y para nada ha sido gracioso.
- Lo siento. Era para que me hicieras caso. -se encogió de hombros.
- Y te haré caso Ariana. Lo haré cuando sepa toda la verdad sobre él.


Al pasar la tarde, me enfundé en mis botas de borregos, una sudadera negra, un pantalón morado oscuro de deporte y varias capas de ropa debajo.
Cogería el coche y comprobaría si es verdad que había quedado conmigo, o simplemente era una broma.